miércoles, 10 de marzo de 2010

2.3.2 Efectos Colaterales, valor estético y tecnología

LA NATURALEZA DE LA TECNOLOGÍA
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DISEÑO y SISTEMAS : LAS CONCECUENCIAS DE LA TECNOLOGÍA
LA NATURALEZA DE LA TECNOLOGÍA
Desde que el ser humano apareció sobre la Tierra hay tecnología. De hecho, las técnicas utilizadas en la elaboración de instrumentos se toman como una evidencia contundente de los albores de la cultura humana. En general, la tecnología ha sido una fuerza poderosa en el desarrollo de la civilización, más aún cuando se ha fraguado su vínculo con la ciencia. La tecnología lo mismo que el lenguaje, el ritual, los valores, el comercio y las artes es una parte intrínseca de un sistema cultural y les da forma y refleja los valores del sistema; además, es una empresa social compleja que incluye no solamente la investigación, el diseño y las artes, sino también las finanzas, la fabricación, la administración, el trabajo, la comercialización y el mantenimiento en el mundo actual.
En el sentido más amplío, la tecnología aumenta las posibilidades para cambiar el mundo: cortar, formar o reunir materiales; mover objetos de un lugar a otro; llegar más lejos con las manos, voces y sentidos. El ser humano se sirve de la tecnología para intentar transformar el mundo a fín de que se adapte mejor a sus necesidades. Tales cambios pueden referirse a requerimientos de sobrevivencia como alimento, refugio o defensa; o pueden relacionarse con aspiraciones humanas como el conocimiento, el arte o el control. Pero los resultados de cambiar el mundo son con frecuencia complicados e impredecibles; pueden incluir beneficios, costos y riesgos inesperados los cuales pueden afectar a diferentes grupos sociales en distintos momentos. Por tanto, anticipar los efectos de la tecnología es tan importante como prever sus potencialidades.
Aquí se presentan recomendaciones acerca del conocimiento relacionado con la naturaleza de la tecnología que se requiere para la formación científica y se destacan las formas de pensar que pueden contribuir a utilizarla con sensatez. Las ideas se dividen en tres grupos: 1. la relación de la ciencia y la tecnología 2. los principios de la tecnología misma, y 3. el vínculo entre ésta y la sociedad.
TECNOLOGÍA Y CIENCIA
La tecnología recurre a la ciencia y la enriquece
En el pasado, la tecnología se originó en la experiencia personal con las propiedades de las cosas y con las técnicas para manipularías, fuera del saber práctico trasmitido de expertos a aprendices durante muchas generaciones. El conocimiento práctico que se trasmite actualmente no es sólo el arte de profesionales aislados, sino también un vasto conjunto de palabras, números y cuadros que describen y marcan directrices. Pero tan importante como el conocimiento práctico acumulado es la contribución a la tecnología que proviene del entendimiento de los principios que subyacen en la forma en que se comportan las cosas; es decir, desde la perspectiva de la comprensión científica.
La ingeniería, la aplicación sistemática del conocimiento científico al desarrollo y uso práctico de la tecnología, ha pasado de ser un arte a una ciencia por sí misma. El conocimiento científico ofrece un medio para estimar cuál será el comportamiento de las cosas incluso antes de hacerlas u observarlas. Además, la ciencia con frecuencia sugiere nuevos tipos de conducta que nunca se habían imaginado antes, y así conduce a nuevas tecnologías. Los ingenieros usan el conocimiento de la ciencia y la tecnología, junto con estrategias de diseño, para resolver los problemas prácticos.
A su vez, la tecnología aporta los ojos y los oídos de la ciencia y también algo del músculo. La computadora electrónica, por ejemplo, ha conducido a un progreso sustancial en el estudio de sistemas atmosféricos, patrones demográficos, estructura genética y otros sistemas complejos que no hubieran sido posibles de otra manera. La tecnología es esencial a la ciencia para efectos de mediciones, recopilación de datos, tratamiento de muestras, computación, transporte hacia los sitios de investigación (como la Antártida, la Luna y el fondo del océano), colección de muestras, protección de materiales peligrosos y comunicación. Cada vez más, se están desarrollando nuevos instrumentos y técnicas a través de la tecnología que hacen posible el avance de varias líneas de investigación científica.
Sin embargo, la tecnología no solamente provee herramientas para la ciencia, también ofrece motivación y guía para la teoría e investigación. Por ejemplo, la teoría de la conservación de la energía se desarrolló en gran parte debido al problema tecnológico de aumentar la eficiencia de las máquinas de vapor comerciales. La identificación de las localizaciones de todos los genes en el ADN humano ha sido motivada por la tecnología de la ingeniería genética, lo cual hace posible dicha identificación y brinda una razón para hacerlo.
A medida que las tecnologías se hacen cada vez más complejas, sus interrelaciones con la ciencia se fortalecen. En algunos campos, como la física del estado sólido (que incluye transistores y superconductores), la habilidad de hacer algo y la capacidad para estudiarlo son tan interdependientes que la ciencia y la ingeniería apenas pueden separarse. La nueva tecnología requiere con frecuencia una comprensión nueva, al tiempo que las nuevas investigaciones necesitan a menudo tecnología nueva.
La ingeniería combina la investigación científica y los valores prácticos
La ingeniería es el componente de la tecnología que está ligado de manera más estrecha con la investigación científica y los modelos matemáticos. En su sentido más amplio, la ingeniería consiste en el análisis de un problema y en el diseño de su solución. El método básico concibe primero un enfoque general y luego resuelve los detalles técnicos de la construcción de los objetos (como un motor de automóvil, un chip de computadora o un juguete mecánico) o procesos requeridos, (como la irrigación, la votación de una opinión o la prueba de un producto).
Mucho de lo que se ha dicho sobre la naturaleza de la ciencia se aplica también a la ingeniería, particularmente el uso de las matemáticas, la interacción de la creatividad y la lógica, el anhelo de ser original, la variedad de personas que intervienen, las especialidades profesionales, la responsabilidad pública, etc. De hecho, hay más individuos con título de ingenieros que aquellos que se denominan científicos, y muchos de estos últimos están desarrollando trabajo que podría describirse como ingeniería y también como ciencia. De manera similar, muchos ingenieros están dedicados a la ciencia. Los científicos observan patrones en los fenómenos para hacer más comprensible el mundo; los ingenieros también los ven para hacer el mundo manipulable.
Los científicos buscan demostrar que las teorías concuerdan con los datos; los matemáticos tratan de proporcionar la prueba lógica de las relaciones abstractas; los ingenieros intentan demostrar que funciona lo que han diseñado. Los científicos no pueden ofrecer respuestas a todas las preguntas; los matemáticos son incapaces de probar todas las conexiones posibles; los ingenieros no pueden plantear soluciones a todos los problemas. Pero la ingeniería afecta al sistema social y la cultura de manera más directa que la investigación científica, con implicaciones inmediatas para el éxito o fracaso de las empresas humanas y para el beneficio o daño personal. Las decisiones en el área de ingeniería, ya sea para diseñar el cerrojo de un aeroplano o un sistema de irrigación, entrañan de manera inevitable valores sociales y personales, así como juicios científicos.

DISEÑO Y SISTEMAS
La ingeniería diseña con restricciones
Todo diseño de ingeniería opera con restricciones que se deben identificar y tomar en cuenta. Un tipo de limitación es absoluta por ejemplo, las leyes físicas como la conservación de la energía, o las propiedades físicas como los limites de flexibilidad, conductividad eléctrica y fricción. Otros tipos tienen cierta flexibilidad: económica (sólo se cuenta con determinada cantidad de dinero para tal propósito), política (regulaciones municipales, estatales y nacionales), social (oposición pública), ecológica (alteración probable del ambiente natural) y ética (desventajas para algunas personas, riesgo para generaciones futuras). Un diseño óptimo toma en consideración todas las restricciones y asume cierto compromiso razonable entre ellas. Alcanzar tales grados de diseño incluyendo, en ocasiones, la decisión de no desarrollar aún más una tecnología particular requiere tomar en cuenta valores personales y sociales. Aunque el diseño puede en ocasiones requerir solamente decisiones rutinarias acerca de la combinación de componentes conocidos, con frecuencia entraña gran creatividad al inventar nuevas aproximaciones al problema, nuevos componentes y nuevas combinaciones y gran innovación al observar nuevos problemas o nuevas posibilidades.
Pero no existe el diseño perfecto. Adaptarse adecuadamente a una limitante, puede provocar a veces conflicto con las demás. Por ejemplo, el material más ligero puede no ser el más fuerte; o la forma más eficiente tal vez no sea la más segura o agradable desde el punto de vista estético. Por tanto, cada problema se presta a muchas alternativas de solución, dependiendo de qué valor le den las personas a las diferentes restricciones. Por ejemplo, ¿es más deseable la fuerza que la ligereza, y el aspecto más importante que la seguridad? La tarea es llegar a un diseño que equilibre de manera razonable los diversos intereses, en el entendimiento de que ningún diseño puede ser al mismo tiempo el más seguro, el más confiable, el más eficiente, el más barato y así sucesivamente.
Es poco práctico diseñar un objeto o proceso aislado sin considerar el contexto amplio en el cual se usará. La mayor parte de los productos tecnológicos tienen que operarse, mantenerse, repararse en ocasiones y por último reemplazarse. En virtud de que todas estas actividades afines entrañan costos, también deben considerarse. Un aspecto similar que cada día cobra mayor importancia en relación con las tecnologías más complejas es la necesidad de contar con personal capacitado para venderlas, operarías, mantenerlas y repararlas. En particular, cuando la tecnología avanza rápidamente, la capacitación puede implicar un costo elevado. Así, mantener baja la demanda de personal puede ser otra limitante del diseño.
Los diseños casi siempre requieren pruebas, sobre todo cuando son raros o complicados, cuando el producto o proceso final es probable que sea caro o peligroso, o cuando la falla tiene un costo muy alto. Las pruebas de rendimiento de un diseño pueden llevarse a cabo utilizando productos terminados, pero hacerlo así puede ser prohibitivamente difícil o costoso. Por tanto, con frecuencia se realizan empleando modelos físicos a pequeña escala, simulaciones en computadora, análisis de sistemas análogos (por ejemplo, animales de laboratorio sustituyen a seres humanos, desastres sísmicos reemplazan desastres nucleares), o sólo se prueban componentes aislados.
Todas las tecnologías entrañan control
Todos los sistemas, desde el más simple hasta el más complejo, requieren control para mantenerlos en operación adecuada. La esencia del control es comparar información sobre qué es lo que sucede con lo que se quiere que suceda y entonces hacer ajustes apropiados. El control necesita de manera típica retroalimentación (desde sensores u otras fuentes de información) y comparaciones lógicas de esa información para las instrucciones (y tal vez para la entrada de otros datos) y un medio para activar los cambios. Por ejemplo, un horno para cocinar es un sistema muy simple que compara la información de un sensor de temperatura con un dispositivo de control, y aumenta o disminuye el calor para mantener la temperatura casi constante. Un automóvil es un sistema más complejo, constituido de subsistemas para controlar la temperatura del motor, el índice de combustión, la dirección, la velocidad, etc., y para modificarlos cuando cambien las circunstancias inmediatas o las instrucciones. La electrónica en miniatura hace posible el control lógico en una gran variedad de sistemas técnicos. Casi todos los enseres domésticos que se utilizan en la actualidad incluyen microprocesadores para controlar su funcionamiento, excepto los más sencillos.
A medida que los controles aumentan en complejidad, requieren también coordinación, lo cual significa estratos adicionales de manejo. El mejoramiento en la comunicación rápida y el procesamiento de información a grandes velocidades hace posible la existencia de sistemas de control muy elaborados. Sin embargo, todos los sistemas tecnológicos incluyen componentes humanos, así como mecánicos o electrónicos. Incluso el sistema más automatizado requiere manejo humano en alguna fase para programar los elementos de control integrados; para vigilarlos; para tomar el mando cuando no funcionen de manera adecuada, o para modificarlos cuando cambien los propósitos del sistema. El control último radica en el personal que comprende con cierta profundidad el propósito y la naturaleza del proceso de control, y el contexto dentro del cual opera éste.
Toda tecnología tiene siempre efectos colaterales
Además de los beneficios esperados, es probable que la producción y aplicación de todo diseño tenga efectos secundarios no intencionales. Por un lado, pueden presentarse beneficios inesperados. Por ejemplo, las condiciones de trabajo pueden resultar más seguras cuando los materiales se moldean que cuando se estampan, y los materiales diseñados para satélites espaciales pueden resultar útiles en productos de consumo. Por otro lado, las sustancias o procesos que intervienen en la producción pueden dañar a los trabajadores o al público general; por ejemplo, operar una computadora puede afectar los ojos del usuario y aislarlo de sus compañeros. Asimismo, el trabajo puede verse afectado al aumentar el empleo de personas que intervienen en la nueva tecnología, al disminuir el empleo para aquellos que se desarrollan en el marco de la tecnología antigua y cambiando la naturaleza del trabajo que los individuos deben desempeñar en sus centros laborales.
No sólo las grandes tecnologías reactores nucleares o agricultura muestran proclividad a los efectos colaterales, sino también las pequeñas y cotidianas. Los efectos de las tecnologías ordinarias pueden ser pequeños individualmente, pero significativos en conjunto. Los refrigeradores, por ejemplo, han tenido una repercusión favorable predecible en la dieta y en los sistemas de distribución de alimentos. Sin embargo, en virtud de que hay muchos de estos aparatos, la discreta fuga de un gas que se utiliza en sus sistemas de enfriamiento puede tener consecuencias adversas sustanciales en la atmósfera de la Tierra.
Algunos efectos colaterales son inesperados debido a la falta de interés o recursos para preverlos; pero muchos no son predecibles incluso en principio debido a la complejidad de los sistemas tecnológicos y a la inventiva humana para encontrar nuevas aplicaciones. Algunos efectos secundarios inesperados pueden ser inaceptables desde los puntos de vista ético, estético o económico para una gran parte de la población, dando por resultado conflicto entre grupos de la comunidad. Para minimizar dichas consecuencias, los planificadores están volviendo al análisis sistemático de riesgos. Por ejemplo, muchas comunidades requieren por ley que se hagan estudios de impacto ambiental antes de aprobar la construcción de un nuevo hospital, una fábrica, una carretera, un sistema de tratamiento de desechos, un centro comercial u otra estructura.
Sin embargo, el análisis de riesgos puede ser complicado. Debido a que el riesgo, asociado con un curso de acción particular, nunca puede reducirse a cero, la aceptabilidad debe determinarse en comparación con los riesgos de los cursos alternativos de acción o con otros más familiares. Las reacciones psicológicas de las personas ante las contingencias no necesariamente encajan de manera estricta en un modelo matemático de costo y beneficio. La gente tiende a percibir un riesgo tanto más elevado si no tiene ningún control sobre él (humo contra fumar) o si los acontecimientos malos tienden a presentarse en números pavorosos (muchas muertes al mismo tiempo en un accidente aéreo contra unas cuantas en un choque automovilístico). La interpretación personal de los riesgos puede estar influida en gran parte por la forma en que se establecen por ejemplo, comparar la probabilidad de muerte contra la probabilidad de sobrevivencia, los riesgos extremos contra los riesgos aceptables, los costos totales contra los costos diarios por persona o el número real de personas afectadas contra la proporción de individuos afectados.
Todos los sistemas tecnológicos son susceptibles de falla
La mayor parte de los sistemas tecnológicos modernos, desde los radios de transistores hasta los aviones de líneas comerciales, se han concebido y producido para ser absolutamente confiables. Las fallas son tan raras que resulta sorprendente cuando llegan a presentarse. Sin embargo, cuanto más grande y complejo es un sistema, es mucho mayor la probabilidad de que presente desperfectos, y repercusiones más amplias de la posible falla. Un sistema o aparato puede fallar por diferentes razones: debido al defecto de alguna de sus partes, a que una de éstas no esté bien adaptada a otra o porque el diseño del sistema no es adecuado para todas las condiciones en las cuales se utiliza. Una valla protectora contra las fallas consiste en exceder las normas de diseño esto es, por ejemplo, hacer algo más fuerte o más grande de lo necesario. Otro parapeto es la redundancia, es decir, construir uno o más sistemas de respaldo en caso de desperfecto del primero.
Si la imperfección de un sistema tuviera consecuencias muy costosas, podría diseñarse de tal manera que ésta ocasionara un daño ínfimo. Ejemplos de tales diseños de "seguridad contra fallas" son bombas que no pueden explotar cuando funciona mal el fusible o las ventanillas de un automóvil que se astillan en pedazos gruesos redondeados que permanecen unidos más que en fragmentos aguzados que puedan salir volando; y un sistema legal en el cual la incertidumbre conduzca a la absolución en vez de a la condena judicial. Otro medio de reducir la posibilidad de desperfecto incluye mejorar el diseño reuniendo más datos, acomodando más variables, construyendo modelos de trabajo más realistas, corriendo simulaciones en computadora que vayan más allá del diseño, imponiendo controles de calidad más estrictos y diseñando controles para detectar y corregir problemas a medida que se presenten.
Es probable que todos los medios utilizados para prevenir o minimizar fallas signifiquen incremento de costos. Pero no importa qué precauciones se tomen o cuántos recursos se inviertan, los riesgos de desperfecto tecnológico nunca podrán reducirse a cero. Por tanto, el análisis del riesgo entraña la estimación de la probabilidad de que ocurra cada resultado indeseable que pueda preverse así como estimar la magnitud del daño que causaría en caso de presentarse. La importancia esperada de cada riesgo se calcula, entonces, mediante la combinación de su probabilidad y su magnitud de perjuicio. Así, el riesgo relativo de los diferentes diseños puede compararse en términos del daño probable combinado resultante de cada uno.
LAS CONSECUENCIAS DE LA TECNOLOGÍA
La presencia humana

Durante el pasado siglo, la población de la Tierra se duplicó tres veces. Aun en este aspecto, la presencia humana, la cual es evidente casi en cualquier lugar de la Tierra, ha tenido mayor impacto del que indican las cifras estadísticas. Se ha desarrollado la capacidad para dominar la mayor parte de las plantas y especies animales más allá de lo que otra especie podría hacerlo y la habilidad para determinar el futuro en vez de responder sólo a él.
El uso de esa capacidad tiene tanto ventajas como desventajas. Por un lado, los avances tecnológicos han aportado enormes beneficios a casi toda la humanidad. Hoy, la mayoría de las personas tiene acceso a los bienes y servicios que otrora fueron lujos, disfrutados sólo por los ricos, como transporte, comunicación, alimentación, sanidad, cuidado médico, entretenimiento, etc. Por otro lado, la misma conducta que hizo posible prosperar tan rápido a la especie humana, ha planteado al hombre y a otros organismos vivos de la Tierra nuevos tipos de riesgo. El crecimiento de la tecnología agrícola ha dado como resultado un gran incremento poblacional, pero ha impuesto enormes exigencias a los sistemas de suelos y aguas, que son necesarios para continuar con la gran producción. Los antibióticos curan la infección bacteriana, pero seguirán funcionando sólo si se inventan otros nuevos antes de que surjan cepas bacterianas resistentes.
El acceso a vastos yacimientos de combustibles fósiles y el uso de ellos ha hecho que la humanidad dependa de un recurso no renovable. Según cifras actuales, la población no será capaz de sostener un modo de vida con base en la energía que hoy brinda la tecnología, y las tecnologías alternas pueden ser inadecuadas o presentar riesgos inaceptables. Los inmensos esfuerzos humanos en la minería y manufactura producen bienes, pero al mismo tiempo contaminan peligrosamente ríos y océanos, tierra y atmósfera. En la actualidad, los subproductos de la industrialización en la atmósfera pueden estar agotando la capa de ozono, la cual protege la superficie terrestre de los peligrosos rayos ultravioleta, y se puede estar creando una capa de dióxido de carbono, la cual retiene el calor y podría incrementar significativamente las diversas temperaturas promedio del planeta. Las consecuencias ambientales por una guerra nuclear, entre otros desastres, podrían alterar aspectos fundamentales de toda la vida en la Tierra.
Desde el punto de vista de otras especies, la presencia humana ha reducido la extensión de la superficie terrestre disponible para ellas, arrasando grandes áreas de vegetación; ha interferido con sus fuentes de alimento; ha cambiado sus hábitats, alterando la temperatura y la composición química en grandes extensiones del entorno mundial; ha desestabilizado sus ecosistemas al introducir especies extrañas, deliberada o accidentalmente; ha reducido el número de especies vivas, y en algunos casos ha modificado las características de ciertas plantas y animales a través de la selección de crías y en fecha más reciente por medio de la ingeniería genética.
Lo que el futuro guarda para la vida en la Tierra, salvo alguna catástrofe natural inmensa, será determinado en gran parte por la especie humana; la misma inteligencia que la llevó a donde está mejorando muchos aspectos de su existencia e introduciendo nuevos riesgos en el mundo es también su principal recurso de supervivencia.
Los sistemas sociales y tecnológicos interactúan de manera importante
La inventiva individual es imprescindible en la innovación tecnológica. No obstante, las fuerzas sociales y económicas influyen de manera decisiva sobre qué tecnologías se desarrollarán, a cuáles se les pondrá atención, se invertirá en ellas o se utilizarán. Tales decisiones se toman directamente como una cuestión de política gubernamental y de manera indirecta como consecuencia de las circunstancias y los valores de una sociedad en un momento particular. En los Estados Unidos de América, las decisiones sobre las opciones tecnológicas que predominarán dependen de muchos factores: aceptación del consumidor, leyes de patentes, disponibilidad de capital de riesgo, proceso presupuestario federal, regulaciones nacionales y locales, competencia económica, incentivos tributarios y descubrimientos científicos. El equilibrio de tales incentivos y regulaciones por lo general actúa de manera diferente en los distintos sistemas tecnológicos, apoyando a unos y desalentando a otros.
La tecnología ha influido considerablemente en el curso de la historia y en la naturaleza de la sociedad humana, y continúa haciéndolo. Las grandes revoluciones en la tecnología agrícola, por ejemplo, han tenido quizá más influencia en la forma de vida de las personas que las revoluciones políticas; los cambios en la sanidad y la medicina preventiva han contribuido a la explosión demográfica (y a su control); los arcos y las flechas, la pólvora y los explosivos ti nucleares han modificado a su vez la manera en que se hace la guerra, y el microprocesador está cambiando el modo en que los individuos escriben, calculan, realizan operaciones bancarias, administran los negocios, conducen una investigación y se comunican entre si. La tecnología ha hecho posible, en gran parte, los cambios a gran escala, como el aumento de la urbanización de la sociedad y el enorme crecimiento de la interdependencia económica de las comunidades en todo el mundo.
Históricamente, algunos teóricos sociales creían que el cambio tecnológico, como la industrialización y la producción masiva, causaría el cambio social, mientras que otros pensaban que este último, como los cambios políticos y religiosos, conduciría al primero. Sin embargo, es claro que, debido a la red de comunicaciones entre los sistemas sociales y tecnológicos, actúan muchas influencias en ambas direcciones.
El sistema social impone algunas restricciones al carácter público de la tecnología
En la mayor parte de los casos, los valores profesionales de la ingeniería son muy similares a los de la ciencia, incluyendo las ventajas derivadas de compartir abiertamente el conocimiento. Sin embargo, debido al valor económico de la tecnología, a menudo se imponen restricciones al carácter abierto de la ciencia e ingeniería, que son de suma importancia para la innovación tecnológica. Con frecuencia se requiere gran inversión de tiempo y dinero, y un considerable riesgo comercial para desarrollar una nueva tecnología y llevarla al mercado. Esa inversión podría estar en peligro silos competidores tuvieran acceso a la nueva tecnología sin haber hecho una inversión similar, por tanto, las compañías casi nunca están dispuestas a compartir el conocimiento tecnológico. Pero no es posible mantener en secreto por mucho tiempo ningún conocimiento tecnológico ni científico. La discreción sólo brinda una ventaja en términos de tiempo una ventaja inicial, no control absoluto del conocimiento. Las leyes de patentes apoyan la apertura al darle a los individuos y compañías el control sobre el uso de cualquier tecnología nueva que desarrollen; no obstante, a fin de promover la competencia tecnológica, dicho control es sólo por un lapso limitado.
La ventaja comercial no es la única razón para guardar el secreto y mantener el control. Mucho del desarrollo tecnológico ocurre en determinados ambientes, como las dependencias gubernamentales, en las que los intereses comerciales son mínimos, pero las preocupaciones de seguridad nacional conducen a la discreción. Cualquier tecnología que tenga aplicaciones militares en potencia está sujeta indudablemente a restricciones impuestas por el gobierno federal, las cuales pueden limitar el compartimento del saber en la ingeniería o incluso la exportación de productos a partir de los cuales pudiera deducirse el conocimiento ingenieril. Debido a que las relaciones entre la ciencia y la tecnología son muy cercanas en algunas áreas, el secreto inevitablemente comienza también por restringir algo del libre flujo de información en la ciencia. Algunos científicos e ingenieros se sienten muy incómodos con el secreto porque juzgan que contraviene el compromiso del ideal científico, por lo que se oponen a trabajar en proyectos que tienen que estar en secreto; sin embargo, otros consideran necesarias y aceptan las restricciones.
Las decisiones sobre el uso de la tecnología son complejas
La mayor parte de las innovaciones tecnológicas se difunden o desaparecen con base en las fuerzas del libre mercado; esto es, con base en la manera en que las personas y compañías responden a esas innovaciones. Sin embargo, de vez en cuando, el uso de alguna tecnología llega a convertirse en una cuestión sujeta a debate público y a una posible regulación formal. Una forma por la cual la tecnología se convierte en problema es cuando una persona, grupo o empresa, propone probar o introducir otra nueva tecnología como ha sido el caso con el surcado en contorno, la vacunación, la ingeniería genética y las plantas eléctricas nucleares. Otra manera es cuando cierta tecnología que ya se utiliza ampliamente se pone en tela de juicio por ejemplo, cuando a las personas se les dice (por individuos, organizaciones o agencias) que es esencial detener o reducir el uso de una tecnología en particular o producto tecnológico porque se ha encontrado que tiene o podría tener efectos adversos. En tales casos, la solución propuesta podría ser la prohibición de enterrar desechos tóxicos en los basureros de la comunidad o el uso de gasolina con plomo y el aislamiento a base de asbesto. Los asuntos relacionados con la tecnología rara vez son simples y unilaterales. Los hechos técnicos pertinentes por sí solos, aun cuando se conozcan y se pueda disponer de ellos (no siempre es así), a menudo no resuelven por completo en favor de uno u otro bando. Las posibilidades de tomar buenas decisiones personales o colectivas sobre la tecnología dependen de tener información que no siempre están dispuestos a ofrecer ni los entusiastas ni los escépticos. Por tanto, los intereses de largo plazo de la sociedad se satisfacen mejor teniendo procesos que aseguren que se plantearán las cuestiones clave relacionadas con las propuestas para reducir o introducir tecnología y que se aplicará a ellas todo el conocimiento pertinente que sea posible. Considerar estas cuestiones no asegura que siempre se tomará la mejor decisión; pero no hacerlo seguramente será una decisión equivocada. Las preguntas clave concernientes a cualquier nueva tecnología propuesta incluyen lo siguiente
· ¿Cuáles son las diversas formas para conseguir los mismos fines? ¿Qué ventajas y desventajas hay en las alternativas? ¿Qué concesiones serían necesarias entre los efectos colaterales positivos y negativos de cada lado?
· ¿Quiénes son los principales beneficiarios? ¿Quiénes recibirán pocos o ningún beneficio? ¿Quién sufrirá como consecuencia de la nueva tecnología propuesta? ¿Cuánto durarán los beneficios? ¿Tendrá la tecnología otras aplicaciones? ¿A quiénes beneficiará?
· ¿Cuánto costará construir y operar la nueva tecnología propuesta? ¿Cómo se comparará ese costo con el de las alternativas? ¿Tendrán que sufragar los costos personas distintas de los beneficiarios? ¿Quién deberá garantizar los costos del desarrollo de la nueva tecnología propuesta? ¿Cómo cambiarán los costos con el tiempo? ¿Cuáles serán los costos sociales?
· ¿Qué riesgos se asocian con la nueva tecnología propuesta? ¿Qué riesgos hay si no se utiliza? ¿Quién estará en mayor peligro? ¿Qué riesgos presentará la tecnología a otra especie y a su ambiente? ¿Qué problema causaría en el peor caso posible? ¿Quién sería el responsable? ¿Cómo se solucionaría o limitaría dicho problema?
· ¿Qué personas, materiales, herramientas, conocimiento y saber práctico se necesitará para construir, instalar y operar la nueva tecnología propuesta? ¿Están disponibles? Si no, ¿de qué manera se obtendrán y de dónde? ¿Qué fuentes de energía se requerirán para la construcción o manufactura, y también para la operación? ¿Qué recursos se necesitarán para el mantenimiento, la actualización y la reparación de la nueva tecnología?
· ¿Qué se hará para desechar con seguridad los desperdicios de la nueva tecnología? ¿Cómo se reemplazará cuando se haya deteriorado o sea obsoleta? Y, por último, ¿qué será del material del cual estaba hecha, y del futuro de la gente cuyos empleos dependían de ella?
Los ciudadanos comunes rara vez pueden estar en una posición en la que puedan pedir o demandar respuestas a tales preguntas; pero su conocimiento de la pertinencia e importancia de las respuestas aumenta la atención que prestan a tales cuestiones las empresas privadas, los grupos de interés y los funcionarios públicos. Además, los individuos pueden realizar las mismas preguntas refiriéndose al propio uso de la tecnología por ejemplo, el empleo de aparatos eficientes para el hogar, de sustancias que contribuyen a la contaminación, de alimentos y tejidos. El efecto acumulativo de las decisiones individuales puede tener tanto impacto en la utilización de la tecnología a gran escala como presión en las decisiones públicas.
No todas esas preguntas se pueden contestar con facilidad. La mayor parte de las decisiones tecnológicas se tienen que tomar con base en información incompleta, y es probable que los factores políticos tengan tanta influencia como los técnicos, y en ocasiones más. Pero los científicos, ingenieros y matemáticos tienen la función especial de mirar adelante y tan lejos como sea adecuado para evaluar beneficios, efectos colaterales y riesgos. También pueden ayudar en el diseño de dispositivos de detección adecuados y técnicas de supervisión, así como en la elaboración de procedimientos para la recopilación y el análisis estadístico de datos concernientes
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Valor estético
Ante la aceleración de la transformación antrópica del territorio, se van decantando dos percepciones estéticas marcadamente contemporáneas: por una parte, la percepción estética negativa de procesos de artificialización que transgreden de forma evidente la continuidad paisajística y, por la otra, el incremento del valor estético de aquellas zonas donde no existe intervención antrópica visible. Es por ello que el bosque, y sobre todo algunas de sus tipologías más escasas, se convierten en uno de los ecosistemas que mejor representan físicamente la idea estéticamente positiva de naturaleza en la sociedad contemporánea.
La recuperación del interés estético por la naturaleza puede comprobarse a través del arte contemporáneo. La multiplicación de parques de escultura, confirma la revalorización de la experiencia del bosque como lugar idóneo para la unión entre arte y naturaleza. La modificación del carácter de las intervenciones hacia lo mínimo, lo respetuoso, la utilización de materiales del
propio ecosistema y la búsqueda de la integración de la obra en el propio medio, nos habla de una voluntad de equilibrio y respeto entre la cultura representada por la obra de arte y la naturaleza entendida como el ecosistema escasamente intervenido.

1.- Introducción. Estética de la transformación antrópica del territorio.
En la actualidad se está produciendo una gran aceleración en lo que respecta a la transformación antrópica del territorio. La capacidad de modificación del paisaje, y más específicamente la velocidad con la que se ordena la disposición natural del territorio para su adaptación a los actuales modelos socioeconómicos, van decantando una respuesta de pérdida medioambiental que facilita la definición de dos percepciones estéticas características. Por una parte, la percepción estética negativa de procesos de artificialización que hace unas décadas se consideraban culturalmente beneficiosos (canteras o minas a cielo abierto, urbanización o roturación de zonas boscosas, talas de grandes extensiones…). Dicha percepción negativa responde principalmente a algunos factores: la sensación de modificación drástica por la velocidad en el cambio, amplia extensión de las actuaciones, contraste estético resultante y, sobre todo, proporción entre la extensión del territorio antropizado y aquel aparentemente no intervenido de forma visible. Todo ello junto a la creciente conciencia de la importancia medioambiental de las zonas de rica biodiversidad, han ido decantando una segunda percepción cada vez más consolidada: la percepción estética positiva de la naturaleza como un valor estético-cultural de gran importancia.
¿Pero a qué naturaleza nos referimos?
Culturalmente, el concepto de naturaleza se relaciona con los modelos de expresión del territorio donde, decíamos, no existe intervención antrópica visible y su estética se adecua a las tipologías mediáticamente más publicitadas. Esto es importante porque no todos los lugares de escasa modificación antrópica resultan igualmente valorados. Se destaca sobre todo la identificación de naturaleza con lo verde vegetal, con los patrones históricoartísticos de lo pintoresco, pero sólo con algunos aspectos de la categoría romántica de lo sublime. Así, el desierto no resulta igualmente atractivo que los ecosistemas boscosos, caracterizados por mantener una de las constantes de los estereotipos de naturaleza culturalmente más exitosa: lo verde vegetal y lo biodiverso. También influye en la valoración cultural del bosque la consciencia de su fragilidad potencial. La incidencia en el imaginario colectivo de la estética negativa de los incendios, el negro calcinado resultante que se solapa a los matices del verde inicial, nos lleva a valorar un paisaje que puede ser rápidamente destruido, con una velocidad y un contraste radical que sólo puede ser percibido socialmente como pérdida. Es por ello que el bosque, y sobre todo algunas de sus tipologías más escasas, se convierten en uno de los ecosistemas que mejor representan la idea estéticamente positiva de naturaleza en la sociedad contemporánea. Y es por ello también que, desde el terreno de la estética ambiental, tampoco podemos sustraernos de un juicio moral sobre la evolución del paisaje. Así, a los condicionantes ecológicos, se le suma el creciente potencial simbólico que tiene determinadas concreciones físicas de lo que convenimos en llamar naturaleza. Y es por ello que resulta arriesgada la afirmación de Alain Roger:
¡el paisaje ha muerto, viva el paisaje! (Roger, 2002), hablando de la continua movilidad histórica de dicho concepto, paisaje, advirtiéndonos del riesgo de caer en la añoranza de los paisajes perdidos, y recordando la necesiaria inercia de las adaptaciones culturales al entorno. Pero frente a la asunción acrítica del artificio como un thelos progresivo e inevitable de la especie
humana –y en una sólo dirección- , cabe insistir en que la sensación cultural de pérdida (la percepción estética positiva y negativa del entorno ambiental y sus estereotipos) obliga a una reconsideración de los parámetros desde los cuales nuestra actual cultura dominante actúa sobre el entorno, sumando a los factores ecológicos y económicos, los estético-ambientales.
Centrándonos en los estereotipos estéticos culturalmente más asentados, de hecho es la iconografía de bosques, junto a la de prados, la más utilizada por la publicidad asociada a la idea de naturaleza, una publicidad que va configurando nuestro inconsciente colectivo. El bosque es uno de los modelos de naturaleza estéticamente más relevantes, sobre todo cuando se juntan diversos factores positivos: biodiversidad, escasez de su tipología (bosques primarios, autóctonos,…), inercia reivindicativa mediática (selva amazónica…).
Sin embargo, en las sociedades del capitalismo tardío la estetificación de un determinado ecosistema no ayuda necesariamente a su conservación extensa.
La tematización simbólica de la naturaleza tiende, eso sí, a su constante reproducción icónica así como a la consolidación de los lugares donde se encuentran más correctamente representados –reservas naturales, parques, vistas pintorescas…-, mientras disminuye la percepción del valor natural del territorio cuando éste no alcanza alguno de los estereotipos más señalados (por ejemplo el bosque mediterráneo de repoblación…). Así pues, podemos hablar de que determinadas tipologías de paisajes se convierten metafóricamente en arte, pero con el riesgo de la sustitución de lo extenso por una cierta museificación acotada, que no siempre beneficia la conservación del territorio que no es tipológicamente correcto.
3.- El arte y el bosque.
En el arte contemporáneo, la recuperación del interés estético por la naturaleza puede comprobarse, entre otros factores, por la multiplicación de parques de esculturas en enclaves naturales. Si hacemos una breve revisión de los lugares elegidos, veremos que se ha producido una clara transición del entorno ajardinado, propia de la tradición artística, a la intervención en una naturaleza espontánea, que ya no necesita la domesticación del jardín, porque es precisamente su presencia asilvestrada, despojado todo el carácter negativo de la idea de lo salvaje, lo que le confiere una identidad estéticamente positiva como entorno adecuado para la contemplación artística. Es decir, un paisaje naturalmente identitario. También se introduce la idea de la experiencia in situ, la obra que se ve a la vez que se disfruta del paseo, un nuevo ejemplo de equilibrio entre vivencia del entorno y disfrute de unas obras que sólo tienen sentido en ese contexto, en un lugar elevado a símbolo de la experiencia cultural contemporánea de la idea de naturaleza. Metafóricamente, se ha dado el paso, en el paisaje natural, de ser un tema de la pintura, aquello que se contempla desde fuera, a ser contexto de la obra, el bosque como cobijo del arte, lugar que transfiere a su contenido la nueva identidad moral con que se ve revestida la idea de naturaleza.
Para comprobar esta evolución simbólica de la idea de naturaleza, resulta definitiva la evolución del Land Art desde los 70 hasta la actualidad.
En este nuevo contexto, la meditación del arte sobre el paisaje tampoco coincidirá con la actitud inicial de los artistas del Land Art, que actuaban sobre espacios extensos y sin personalidad definida (Albelda & Saborit, 1997). Ya no se trata tanto de territorio como de un paisaje identitario, lugares cuya personalidad quiere ser reforzada buscando un equilibrio entre naturaleza y cultura.
Es tan rabiosamente actual el modelo de una naturaleza debilitada a expensas de nuestra capacidad técnica, que no resulta demasiado arriesgado afirmar que la línea de intervenciones mínimas, donde ante todo se resalta el deseo de integración en el medio, y la ética del respeto por los ecosistemas en los que se interviene, acaba siendo moralmente más celebrada; mientras que, por el contrario, ya resulta difícil recabar un apoyo unánime ante proyectos grandilocuentes, como se ha podido comprobar con la polémica suscitada por algunas propuestas de Christo o la marcada oposición del ecologismo, pero también de algunos sectores de la cultura, ante el proyecto de Chillida para la montaña de Tindaya. La naturaleza en sí misma va adquiriendo condición de respetabilidad, siempre y cuando se muestre arropada por sus arquetipos más sólidos, los que reposan en paisajes aparentemente no intervenidos o adecuadamente pintorescos.
De la idea de territorio considerado como no-lugar, los desiertos de Nevada donde intervienen Smithson o Heizer y sus grandes intervenciones realizadas con bulldozers, se ha pasado a intervenciones mínimas en lugares boscosos, intervenciones a pequeña escala que ante todo quieren resaltar el valor del propio lugar, de su estética que debe ser conservada.
No encontramos obras altivas sino metáforas del disimulo, de la integración, del no protagonismo. Una escala que no sobrepasa los tamaños de los principales elementos del ecosistema, como podemos contemplar en los trabajos de Goldsworthy o Nils Udo. Prácticamente invisibles, estas obras muestran su renuncia a una tradición de siglos con la que se quiere acabar: la necesidad de distinguir el artificio -aquí el arte- imponiéndose sobre el medio -
el natural- en el que se inscribe. Los principios de integración en el medio tienden a mostrar conceptualmente el deseo de no alterar la continuidad ecosistémica. Son hitos de protagonismo
conscientemente débil, que se expresa a través de algunas constantes como la utilización de materiales del propio medio, como los troncos de G. Penone o las pdisposición camaleónica de las piezas, adecuación de cromatismo o de textura). Temáticamente, la tradición de la escultura utilizaba materiales naturales para construir el motivo importante: la figura humana. Nunca antes un árbol o simples hojas fueron tema y no materia prima de una escultura, como podemos ver actualmente en las obras de Penone, Goldsworthy o Roxy Paine.
La modificación del carácter de las intervenciones hacia lo mínimo, lo respetuoso, la utilización de materiales del propio ecosistema y la búsqueda de la integración de la obra en el propio medio, nos habla de una voluntad de equilibrio y respeto entre la cultura representada por la obra de arte y la naturaleza entendida como el ecosistema espontáneo, escasamente intervenido. A su vez, algunos artistas contemporáneos como Richard Long o Hamish Fulton, critican la reducción espacial, geográfica, de la experiencia de lo natural realizando obras-paseo que implican un recorrido geográficamente extenso. Esta idea es especialmente importante porque la excesiva reducción geográfica de lo natural no intervenido supondría una pérdida parcial en la experiencia de su identidad, la que tiene que ver con la dimensión física y el tiempo del recorrido, la que nos permite sentirnos plenamente en otro contexto, la que preserva la noción de lo vasto, la indefinición del límite y, en comparación, la pequeñez de lo humano sin sus extensiones tecnológicas.

A modo de conclusión: La naturaleza como obra de arte. Metáforas de restitución.
La admiración por la naturaleza y sus materiales nos conduce, en un siguiente paso, hacia las metáforas de la no-intervención pues lo natural ya se considera una obra de arte que no necesita más modificación artística. Un nuevo modelo de relación respetuosa en el que la humanidad -representada aquí por el artista y su obra- quiere simbólicamente integrarse en el paisaje, ser una parte más del ecosistema actuando con el máximo respeto. Todo ello supone renunciar parcialmente a la autoría, disolver el yo individual en un medio que quiere reafirmarse. Y considerar a la naturaleza y al paisaje como una obra de arte ya acabada, que sólo necesita ser convenientemente mostrada. Esta idea de artisticidad natural viene magistralmente ilustrada en la obra del artista catalán Perejaume, donde los marcos que se adaptan a las cimas de los montes, o a pequeños lagos, las vistas de los parajes naturales que incluyen las cartelas de autor o la pintura que emerge del subsuelo del propio bosque, nos habla de la compleja relación simbiótica entre cultura y naturaleza, pero también de la condición de sujeto artístico del natural en sí mismo. En este camino de progresiva rehabilitación de la idea de naturaleza y paisaje, que nos ha llevado de su uso como materia prima de transformación industrial a su disfrute como obra de un arte cada vez más escaso, el eslabón último en la cadena de metáforas será restituir al natural lo que le había sido arrebatado.
En una de sus excursiones, Perejaume devolverá a la montaña un trozo de roca que le fue arrancada. Su título -desescultura- habla de la restitución final de una piedra que ha renunciado a convertirse en escultura, entre otras cosas porque como el mismo autor señala, el natural ya es, en sí mismo, una escultura.
Finalmente, hay que apreciar en las obras de los autores de intervenciones mínimas, junto a su propia belleza, su interesante sentido como metáforas culturales: el artista que representa, que simboliza aspectos de la sensibilidad contemporánea de conservación de la naturaleza. También una recuperación de la austeridad técnica, del comedimiento: la renuncia a una estética de lo grande, de lo poderoso, para potenciar la belleza de lo sutil, de la escucha del propio entorno. En suma, una estética del equilibrio entre cultura y naturaleza.

1 comentario:

Daniel dijo...

No entiendo la relación de la ultima parte de la entrada. ¿Esto es de la importancia de los ecosistemas para el arte, más que como ecosistema?

¿En que libros puedo encontrar temas de este tema 2.3.2?

Gracias!