miércoles, 6 de octubre de 2010

2.1.3 La Educación en Valores

Educar en valores. www.xtec.cat/~cciscart/annexos/marina.htm

La trasmisión de valores morales ha sido una preocupación constante de todas las culturas, porque eran los encargados de asegurar la supervivencia y el bienestar de las comunidades. Una larga historia de equívocos y malentendidos es la responsable de que en este momento nuestra cultura valore más la formación intelectual que la educación afectiva o moral. Hasta hace muy poco tiempo, hablar de "educación moral" era una redundancia tan absurda como decir "hielo frío" o "agua húmeda". Pero en los dos últimos siglos las cosas han cambiado, y ya a finales del XIX se vio la necesidad de implantar una educación moral, con el objetivo de transmitir más eficazmente los valores cívicos, como contrapeso a la cultura técnica y materialista. Se crearon entonces asociaciones para promoverla, como la Liga para la Instrucción Moral, fundada en Inglaterra en 1897.
En la actualidad, se habla mucho de educación en valores. Pero menos sobre lo que sean los valores y su justificación. Hablo con muchos profesores de la secundaria y es fácil percibir en ellos un escepticismo generalizado acerca de la posibilidad de elaborar una ética universal. Sospecho que lo que se ha pretendido con el título "educación en valores" es, precisamente, evitar hablar de "educación ética". Y me temo que muchos profesores pretenden enseñar valores sin ética. De hecho, los programas de estas enseñanzas más populares (por ejemplo, el de Kohlberg) acaban en un relativismo más o menos disfrazado. Una visión crítica de las propuestas actuales puede verse en el libro de María Victoria Gordillo, titulado "Desarrollo Moral y Educación".
Lo máximo que se acepta es una moral cultural propia de nuestra sociedad. La tolerancia se ha convertido frecuentemente en una equiparación de todas las opiniones y creencias. Estas ideas, muy posmodernas y muy de pensamiento débil, van a privar de contenido, entusiasmo y eficacia, a toda al educación en valores prevista en nuestros planes de estudio.
No es un problema exclusivamente nuestro, sino de toda nuestra área cultural. Pondré solo dos ejemplos. El año pasado, Juan Carlos Tedesco, director del Bureau de l'Educaction de la UNESCO, publicó "El nuevo pacto educativo" (Anaya), donde decía que la crisis actual de la educación es distinta de las crisis pasadas, y más grave, porque ahora no sabemos lo que tenemos que enseñar, quien tiene que enseñarlo, que se puede exigir y si hay algún valor que pueda transmitirse. En otro libro recientemente publicado, "Profesorado, cultura y modernidad", de Andy Hargreaves, el autor, un experto en sociología de la educación sostiene que una de las principales dificultades de los profesores es que tiene que enseñar en un tiempo que vive "el final de las certezas". Esta situación de crisis reconocida nos obliga a no contentarnos con piadosas consideraciones sobre lo importante que es una educación en valores, sino que tengamos que hacer un serio esfuerzo de fundamentación.
Hay dos maneras de hablar sobre educación en valores. Una de ellas da por supuesto que el contenido de los valores no ofrece ninguna dificultad. Todos sabemos que la solidaridad, la tolerancia, el amor y la amistad son buenos, y que la violencia, la envidia, la crueldad y la mentira son malas. La misma Constitución nos impone un conjunto de valores que se compromete a defender y que son algo más que una declaración de ideales. Son las metas efectivas a conseguir por los ciudadanos: "Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en el que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulte su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social" . El fundamente de estos valores, se nos recuerda, está en la dignidad de la persona: "La dignidad de la persona. los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son el fundamento del orden político y de la paz social". Parece, pues, que el asunto no presenta ningún problema teórico y que la única dificultad es de tipo pedagógico. ¿Cómo podemos enseñar estas conductas?, ¿Cómo podemos hacer que los valores se defiendan, realicen o respeten?.
Estas preguntas pueden responderse de dos maneras. Una de ellas es psicológica y otra jurídica. Los psicólogos de la educación en valores nos dirán que hay que dotar al niño de las destrezas necesarias para resolver los problemas personales y sociales que obstaculizan las conductas adecuadas. Defienden que la solución está en una pedagogía de las actitudes, en un educación emocional. Como ejemplo mencionaré los resultados de un proyecto de cinco años financiados por la W.T. Grant Foundation. Los investigadores llegaron a la conclusión de que los elementos que debería cuidar una educación afectiva son los siguientes:
Habilidades emocionales: Identificar y etiquetar los sentimientos, expresarlos, evaluar su intensidad, manejarlos, aplazar la gratificación, controlar los impulsos, reducir el estrés, conocer la diferencia entre sentimientos y acciones.
Habilidades cognitivas: Hablarse a uno mismo, conduciendo un diálogo interior como método para enfrentarse con un asunto o un reto, y para reforzar la propia conducta. Leer e interpretar las claves sociales; por ejemplo, reconocer las influencias sociales en la conducta y verse a uno mismo en la perspectiva de una comunidad. Usar métodos para resolver problemas y tomar decisiones, controlando impulsos, proponiéndose metas, identificando acciones alternativas, anticipando consecuencias. Comprender las perspectivas de los demás. Entender las normas conductuales (la conducta que es aceptable y la que no ). Adoptar una actitud positiva ante al vida. Educar la autoconciencia, por ejemplo, desarrollando expectativas realistas acerca de uno mismo.
Habilidades conductuales: Comunicación no verbal: a través de contacto ocular, expresiones faciales, tono de voz, etc. Comunicación verbal: hacer preguntas claras, responder efectivamente a las críticas, resistir las influencias negativas, escuchar a los otros, ayudarles, participar en grupos de personas positivas. (W.T. Grant Consortiun on the School-Based promotion of Social Competence, "Drug an Alcohol Prevention Curricula", en J. David Hawkins et al. Communities That Care, (San Francisco: Jossy-Bass, 1992).
Según este enfoque, lo importante es proporcionar al sujeto capacidades psicológicas para enfrentarse con los problemas, las soluciones conflictivas y para realizarse personalmente. Muchas escuelas psicológicas o psicoterapéuticas que ponen el énfasis en la autorrealización (Fromm, Rogers, May, Maslow, etc.) consideran que una vez conseguida una personalidad creadora, su propio dinamismo conducirá a la realización de los valores debidos.
La segunda tendencia la he llamado jurídica. Considera que lo importante es cumplir el deber. Que no se trata de sintonizar psicológicamente con un valor, sino de tener la firma decisión de cumplir con las obligaciones. Considera que el énfasis en los antecedentes subjetivos, en el aprendizaje de destrezas, supone en el fondo una desconfianza en la existencia de deberes o una desconfianza en la capacidad del ser humano para tomar decisiones voluntarias. En todo caso, lo que había que enseñar a los niños son dos únicas máximas de conducta: "El deber es el deber". "Los deberes hay que cumplirlos". Cualquier análisis psicológico resquebraja la rotundidad de estos preceptos. Bergson en su obra "Las dos fuentes de la moral y de la religión" describe agudamente este funcionamiento de las normas, que es el que tradicionalmente han impuesto las sociedades a lo largo de la historia.
Estamos, pues, ante un interesante problema. ¿Basta la presión social, la apelación del deber, para resolver los problemas de conducta? Al insistir en la capacitación psicológica ¿no estaremos admitiendo implícitamente que nuestra capacidad de decidir es débil o inexistente? ¿No pretendemos forzosamente que elegir entre una llamada al deber, que nos convierte en voluntades todopoderosas, y una comprensión psicológica, que acaba por excusarlo todo?
Sin resolver estos problemas no podemos decir nada sensato acerca de la educación en valores. Si tuviera razón la teoría jurídica, al poner el énfasis en un educación afectiva estaríamos alejándonos de nuestra meta en vez de facilitándola, ya que al psicologizar las decisiones fomentaríamos de paso las justificaciones dolosas, las declaraciones de impotencia, el descrédito del comportamiento voluntario. El asunto me parece de tal gravedad que voy a plantearlo respecto de dos ejemplos muy actuales:
El primero de ellos es la educación para la tolerancia. Es uno de los temas que están incluidos en las enseñanza transversales Los programas que hay para fomentar la tolerancia intentan crear hábitos apropiados, enseñando a detectar y a combatir el racismo, favoreciendo cambios emocionales, fomentando una identidad basada en la tolerancia, y en especial educando para la colaboración dentro del aula. Todo ello parecería bien, sin duda, al defensor de la teoría jurídica, que, sin embargo haría una crítica severa de los presupuestos del método. El concepto de tolerancia que hay por debajo, nos diría es inadmisible. No hay nada que "tolerar". Lo que hay que hacer es cumplir los deberes hacia los demás, respetar sus derechos y punto. La misma palabra tolerancia está equivocando las cosas. ¿Qué es lo que tengo que tolerar? ¿Lo malo? No. ¿Lo bueno? tampoco. ¿Los derechos ajenos? menos aún. La crítica del jurista continuaría diciéndonos que si todo lo reducimos al aprendizaje de habilidades psicológicas, también habría que educar para respetar la propiedad ajena, la naturaleza, la información, para ser educado en casa, para no dejarse llevar por la violencia, para no ser imputual, (que le atribuyan algún delito) etc. etc. Si cada una de esas situaciones exigen una adecuada educación afectiva siempre estaríamos en precario, porque tal vez hubiera un problema para el que nos hubiéramos proporcionado las destrezas psicológicas adecuadas. Y cualquiera podría aducir que no las había aprendido. La única educación ha de ser de tipo muy general: los deberes están para cumplirlos, diría el jurista.
El segundo tema son las drogadicciones. Según Bickman hay cuatro modelos de interpretar la situación adictiva. Cada uno de ellos exigiría un tipo distinto de educación preventiva.
1.- Modelo moral: se supone a la persona responsable tanto en la iniciación del problema como de su resolución. La adicción es considerada un signo de debilidad de carácter y a los adictos se les urge a ejercer una mayor fuerza de voluntad para superar sus faltas. Aunque este modelo encuentra hoy poco apoyo en la literatura científica sobre las adicciones, ha sido en momentos no lejanos el enfoque dominante.
2.- Modelo de esclarecimiento: se entiende que la persona es responsable del desarrollo de la adicción, pero se la considera incapaz de cambiar sin ayuda de una fuerza superior. El cambio solamente es posible si el control personal se delega en un poder o entidad colectiva superior, como la que puede representar los diversos grupos de autoayuda.
3.- El modelo médico surgió como alternativa a la orientación culpabilizante de la víctima, común a los dos modelos anteriores. Pese a sus ventajas (las personas pueden buscar ayuda sin sentirse culpables) presenta problemas. En concreto, este modelo no puede dar razón de los rasgos comunes en las adicciones. Además, puesto que se sugiere que los individuos no son responsables del cambio de su conducta, queda sin explicar cómo y por qué muchas personas pueden superar su adicción sin tratamiento profesional, o por qué los drogodependientes pueden beneficiarse de un amplia gama de orientaciones terapéuticas diferentes.
4.- Modelo compensatorio. A los individuos no se les considera responsables del desarrollo inicial del problema, puesto que su etiología implica factores biológicos y de aprendizaje que en cierto modo escapan a su control, pero se les supone capaces de compensar la adicción tomando un papel activo en el proceso de cambio.
El debate anterior puede repetirse aquí. Si la propensión a las drogadicciones se considera demasiado fuerte, hasta el punto de que la prevención tiene que dedicarse a mejorar las capacidades subjetivas, siempre dejamos la puerta abierta a una justificación también psicológica: yo no puedo evitarlo. Si únicamente atendemos al acto de decisión de quien elige tomar drogas, tal vez estemos olvidando injustamente el poder de los antecedentes, pensando que el acto de voluntad es un acto absoluto, desligado de todo, fruto de una libertad total.
En resumen, mal si enfatizamos solo los antecedentes psicológicos, mal si apelamos a la libertad y a la voluntad. Aquella postura puede diluir la capacidad del ser humano para tomar decisiones. Esta, puede hablar de la voluntad como un poder absoluto y real. La polémica se ha dado a lo largo de la historia de la filosofía. Ha habido una ética de las virtudes, que pretendía alcanzar un buen carácter moral, y que daba gran importancia a los componentes psicológicas del sujeto moral. Y ha habido una ética del deber, que solo tenía en cuenta la propia decisión. Aristóteles y Kant serían egregios representantes de cada una de estas tendencias.
¿Hay algún camino para salir de este callejón? Para averiguarlo vamos a empezar por el principio, asistiendo al origen de los valores y, también, al nacimiento de la voluntad. Así llegaremos a la consecuencia de que la educación en valores, lo que podríamos también llamar educación afectiva, tiene que darse en tres niveles: educación sentimental, educación motivaciones y educación ética. La noción central del primer nivel es carácter. La del segundo, voluntad. La del tercero, dignidad.
La educación sentimental.
Es el origen de los valores hay un acto de evaluación. Apreciamos o despreciamos una cosa, un comportamiento, una persona. No vivimos en un mundo de conocimientos puros sino de atracciones y repulsiones. Cuando el niño nace está acuciado por necesidades que tiene que satisfacer, sin saber como hacerlo. Afortunadamente tiene unos sensores de dirección, unas experiencias evaluativas, que le van a permitir orientar su comportamiento. Estos sensores de dirección son tres: (1) las sensaciones de placer y dolor, (2) los deseos y las actividades consumatorias, (3) los sentimientos. Gracias a estas experiencias la realidad se nos presenta dotada de cualidades positivas o negativas, atrayentes o aversivas. Los seres se vuelven acogedores o peligrosos, divertidos o aburridos, amistosos u hostiles. Estas cualidades son lo que llamamos valores. Se nos dan en las experiencias que he descrito. Por eso, el máximo representante de la filosofía de los valores, Max Scheler, dijo que captábamos los valores mediante los sentimientos. Esto tiene una parte importante de la verdad, lo que bastó para convencernos de la necesidad de una educación sentimental que nos ponga en buenas condiciones para captar los valores. La textura subjetiva de una persona envidiosa va a incapacitarla para captar la generosidad ajena, en la que siempre verá una acción malévola y ofensiva. Unos de los problemas que dificultan la rehabilitación de muchos drogadictos es su absoluta falta de autoestima. Desean reventar de una vez. Y esta actitud convierte en vacías todas las advertencias sobre los peligros de las drogas.
La primera finalidad de la educación afectiva es ayudar a formar un talante básico adecuado para captar los valores debidos, es decir, aquellos que nos van a facilitar la tarea de llevar una vida feliz y digna. Hace muchos siglos, Aristóteles dijo que la finalidad de la educación era enseñar a alegrarse con lo conveniente. El Progreso de la humanidad ha consistido, sobre todo, en ir creando nuevos sentimientos que nos han permitido captar nuevos valores. Norbert Elías ha estudiado el proceso de mitigación de la crueldad. En los últimos siglos ha cambiado nuestra sensibilidad hacia la esclavitud, hacia los niños, hacia las mujeres, hacia la naturaleza. Basten estos ejemplos.
Estas variaciones son posibles porque nuestros deseos y necesidades son abiertos. Lo que tradicionalmente se ha llamado felicidad es una inagotable aspiración del ser humano. Una meta inevitable, indefinida y poderosa. Necesitamos, por ejemplo, ser queridos. A la vista está que es una necesidad sin límites precisos. Tenemos necesidad de autoafirmación, de juego, de relacionarnos con otros seres, pero más que un hueco que llenar estas necesidades son un dirección que seguir. Mediante las anticipaciones, proyecciones, invenciones de la inteligencia, nos seducimos a nosotros mismos desde lejos, con planes remotos y magníficos. Antes me referí a Bergson y a las dos fuentes de la moral que creyó descubrir. Una era, ya lo ha dicho, la presión social. La otra tiene que ver con lo que estoy explicando. Bergson decía que hay grandes creadores morales que descubren valores nuevos y los proponen al resto de la gente, que acaban por sentirse atraídos por el vigor de esa nueva visión. "De un modo u otro -escribe-, siempre hará falta volver a la concepción de los creadores morales, que se representan por el pensamiento una nueva atmósfera social, un medio en el cual se vivirá mejor, quiero decir, una sociedad tal que si los hombres llegaran a tener la experiencia de vivir en ella, ya no querrían volver a su estado anterior. Sólo así se definirá el progreso moral, pero no se le puede definir más que una cumplido, cuando una naturaleza moral privilegiada ha creado un sentimiento nuevo, similar a una música, y lo ha comunicado a los hombres, imprimiéndole su propio impulso". ("Las dos fuentes de la moral y de la religión"; Taurus, 1996, p.97).
El ser humano se diferencia del animal por su capacidad de perfeccionarse, "facultad que, con ayuda de las circunstancias, desarrolla sucesivamente todas las demás, y reside en nosotros tanto en la especie como en el individuo". En el "Emilio", desarrolló una pedagogía de la piedad. La inteligencia puede evaluar los sentimientos, descubrir sus excesos, contradicciones, malas consecuencias y, de esta manera, alcanzar una ampliación pensada de los valores embrionariamente sentidos.
Una vez justificados los valores -por ejemplo, la igualdad racial. deberíamos desarrollar los sentimientos necesarios para poder vivir lo que previamente habíamos sido sólo capaces de pensar. Este sería el lugar de la educación en valores que he mencionado antes.
Pero, una vez más, confiar en la plasticidad y educabilidad de los sentimientos puede ser excesivo. También hay que educar para ser capaces de guiar la propia conducta por valores pensados, incluso en ausencia de los sentimiento correspondientes. Ser valiente no consiste en no tener miedo, sino en no ceder a él en determinadas circunstancias. Esto nos exige saltar al segundo nivel de la educación en valores.
El educador debe también fomentar en el alumno el sentimiento de la propia eficacia. Cuando el niño esté en condiciones de comprenderlo, conviene explicarle que la personalidad de cada uno de nosotros se va construyendo de acuerdo con un proyecto elegido, y que el proyecto mas fundamental es el de convertirnos en personas libres. Y que es un proyecto muy difícil. Nada ha hecho más daño a nuestra compresión de la conducta humana que definir la libertad como espontaneidad. La libertad consiste en no dejarse arrastrar por las inclinaciones emocionales, sino obedecer a la propia razón. Sin embargo, todos sabemos que la razón tiene poca fuerza para dirigir el comportamiento. hay un vacío difícil de salvar entre ella y el deseo. Para resolver el problema, Kant apela a un sentimiento muy particular: el respeto a la ley. Lo que resulta más interesante de su formulación es que relaciona este sentimiento, al parecer implica sumisión, son aspectos muy altaneros y rebeldes de nuestro comportamiento. El respeto a la ley no es otra cosa que el respeto a uno mismo, puesto que la propia razón es la promulgadora de la Ley. Es una variante de la propia estimación. Solo secundariamente, como mera conciencia de la ley, aparece el sentido del deber. De esta manera, el respeto, que es un sentimiento aparentemente pasivo, se convierte en enérgica y activa admiración hacia lo más valioso que hay en cada hombre: la libertad. En la historia de nuestra lengua, "respeto" significa siempre "actitud ante el mérito, la autoridad, la dignidad".
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La educación en valores es sencillamente educar moralmente porque los valores enseñan al individuo a comportarse como hombre, a establecer jerarquías entre las cosas, a través de ellos llegan a la convicción de que algo importa o no importa, tiene por objetivo lograr nuevas formas de entender la vida, de construir la historia personal y colectiva, también se promueve el respeto a todos los valores y opciones.
Educar en valores es también educar al alumnado para que se oriente y sepa el valor real de las cosas; las personas implicadas creen que la vida tiene un sentido, reconocen y respetan la dignidad de todos los seres.
Los valores pueden ser realizados, descubiertos e incorporados por el ser humano, por ello reside su importancia pedagógica, esta incorporación, realización, descubrimiento son tres pilares básicos de toda tarea educativa; necesitan la participación de toda la comunidad educativa en forma coherente y efectiva.
Es un trabajo sistemático a través del cual y mediante actuaciones y prácticas en nuestro centro se pueden desarrollar aquellos valores que están explícitos en nuestra constitución como base para cualquier tipo de educación en valores.
Una vez que los alumnos interioricen los valores, éstas se convierten en guías y pautas de conducta, son asimilados libremente y nos permiten definir los objetivos de vida que tenemos, nos ayuda a aceptarnos y estimarnos como somos, la escuela debe ayudar a construir criterios para tomar decisiones correctas y orientar nuestra vida, estas tomas de decisiones se da cuando nos enfrentamos a un conflicto de valores, otro de los objetivos de esta educación es ayudar al alumno en el proceso de desarrollo y adquisición de las capacidades para sentir, pensar y actuar; como vemos tan solo no es una educación que busque integrarse en la comunidad sino que va mas allá busca la autonomía, la capacidad crítica para tomar decisiones en un conflicto ético.



MODELOS DE EDUCACIÓN MORAL
Estos tipos de modelos nacen por las interrogantes que se presentan por ejemplo el tema de la génesis de la moral. Entonces la formación de los sujetos no es única y surgen algunos modelos:

A. Modelos de transmisión de valores absolutos.- Comparten una idea heterónoma de la moral, es decir, una transmisión de valores inmodificables, válidos en cualquier situación, como impuestos, sin poder de elección de otra posibilidad. El individuo pierde autonomía.
B. Modelos de autoconocimiento y autenticidad moral.- Sucede cuando la educación moral tomada en este sentido se identifica con una concepción relativista de los valores, los valores absolutos entran en crisis, cada persona posee una escala de valores que le permite tomar decisiones.
C. Modelos de desarrollo de juicio moral.- Niegan la existencia de valores absolutos que deban transmitirse de generación a generación, pero tampoco comparte la creencia de que los conflictos morales únicamente puede solucionarse atendiendo a preferencias subjetivas, para ellos el papel de la educación debe centrarse en el desarrollo del juicio moral.
D. Modelos de socialización.- Considera la educación moral como socialización en tanto que pretenden insertar a los individuos en la colectividad a la que pertenecen, la sociedad es concebida como bien supremo del cual emana la moralidad, a las cuales todas las personas deben someterse aceptando las normas y valores que posibilitan y conforman la vida en sociedad.
E. Modelos de adquisición de hábitos morales.- Para este modelo una persona se considerará moral si su conducta la virtuosa, es decir, si realiza actos virtuosos y, además, los realiza de forma habitual y constante.
F. Modelos de la construcción de la personalidad moral.- Parte de la idea de que la moral no es algo adquirido a priori sino que se entiende como un producto cultural cuya creación depende de cada individuo y del conjunto de todos ellos.




RIESGOS DE LA EDUCACIÓN EN VALORES
· Convertirse en moda; quiere decir que se tome como algo pasajero y no para toda la vida.
· Incongruencia entre el decir y el hacer; cuando un profesor explica correctamente los valores y en la práctica no lo hace patente y realiza lo contrario.
· Intelectualización de los valores. La enseñanza no debe quedarse en el papel sino hay que conocerlos para vivirlo y ponerlo en práctica.
· Entorno adverso y contradictorio. Algunas veces lo que propone la escuela no guarda relación con la realidad que se vive en las familias y en los medios de información, esto puede provocar en la persona un sentimiento de frustración.

REFLEXIÓN NECESARIA
La preadolescencia es la etapa clave para la educación en valores, para asimilarlos y vivirlos y es la acción tutorialun elemento importante en la transmisión de valores para ayudarles a saber qué hacer con su vida y optar por el camino correcto. Ésta acción tutorial no se da como lecciones magistrales sino que deben informar toda la vida del aula, los valores subyacen en los temas transversales propuestos.
Es inevitable que en esta etapa de globalización se produzcan conflictos de valores por la preponderancia de las máquinas ante los hombres, en este mundo es importante reconstruir los valores culturales locales para luego construir los valores globales, esta relación constituye el esquema conceptual para el área de enseñanza de valores, como se ve es estructurado, coherente y adecuado a los tiempos (currículo).
Otro de los problemas que es notorio es que a los educadores parece faltarle el discurso para expresar sus ideas sobre valores, porque como sabemos los valores se encuentran en todas las áreas curriculares y no se considera necesario ocuparse de ella en una disciplina especifica, es decir, existe un inadecuado conocimiento teórico del tema. En nuestra sociedad como se puede ver hay una tendencia al vacío moral.
Podemos terminar este capitulo diciendo que educar en valores no es enseñarle a alguien algo que no sabía sino crear condiciones para hacer de esa persona, alguien que no existía.


2.2.1.- METODOLOGÍAS DE TRABAJO.-
Antes que iniciemos la reflexión sobre el uso y valor de metodologías de trabajo debemos tener presente dos elementos básicos para que esto se lleve a cabo: La existencia de profesores capacitados y la motivación de los profesores y alumnos, los cuales deben ser cuidados siempre.
La descripción de las metodologías se clasifican en tres:
1.- METODOLOGÍA QUE INVOLUCRAN A LAS FAMILIAS EN FORMA COORDINADA CON LA DIRECCION DE LA ESCUELA.- Se plantea lo siguiente dentro de esta estrategia: Comunicar a los padres lo que el colegio intenta hacer para enseñar virtudes y que espera de ellos. El Director debe convocar a una reunión ampliada por grupos de cursos. En el fundamento del plan se aclara cual es el papel de los padres y del colegio y sobre la transmisión de valores que virtudes el colegio pretende desarrollar y las metodologías que se emplearán. Se trabaja en virtud por mes y se elabora una actividad ad-hoc para los padres, habrá un profesor coordinador que entregará el material sobre la virtud del mes, dándole las pautas de dirección. Al mes siguiente se reúnen los padres y coordinador y cuentan sus experiencias.
A. ESCUELA DE PADRES.- Se trata de una charla donde un expositor dirige la participación de los padres en turno a la responsabilidad de ellos como formadores de sus hijos en las cuales involucran: Tareas compartidas padres-hijos donde se manifiesta la sensibilización orientados a determinados valores o virtudes. Ejemplo: Que virtud observan en algunos personajes de las teleseries o la de leer un libro o cuento y comentarlo.
B. APORTES DE LOS PADRES A LAS ACTIVIDADES DESARROLLADAS EN EL COLEGIO.- Esto se hace de manera formal a través de reuniones de los coordinadores de grupos de padres con algún profesor asignado para recoger la retroalimentación positiva de los padres.
2.- METODOLOGIAS QUE INVOLUCRAN EL "ETHOS" DE LA ESCUELA.- La escuela como comunidad de virtud o virtud en acción, se refiere a que el ambiente en el colegio debe ser propicio y consistente con los objetivos éticos y morales del colegio, es decir, el ambiente de la escuela se proyecta en los alumnos así como el hogar permea a todos sus miembros. Para que la escuela tenga un buen "ethos" es que se proyecte mas allá de la educación en valores, debe haber profesores motivados, con capacidad de ser modelos de virtudes y moral. Es por ello que enunciamos lo siguiente: El Profesor como modelo y mentor moral , su comportamiento del profesor es importante, es el centro de gravedad que mantendrá presente por largos años en la mente de sus alumnos:
a. Lograr que el alumno se sienta respetado y seguro de expresar sus ideas sin temor a ser ridiculizados.
b. El profesor debe reforzar la autoestima del alumno.
c. El tema de éxito y la autoestima del alumno van ligados con la responsabilidad, los profesores por su parte deben mostrarles cariño, cuidado y preocupación.
d. Debe existir la consistencia en el aprender que lograr notas altas.
e. El respeto es también fundamental es mantener una actitud positiva ante consultas y respuestas de los alumnos, en donde debe lograrse respuestas que afirmen al alumno y que no lo humillen por un posible error.
f. Debe existir balance entre disciplina y libertad, obediencia y autoestima.


3.- METODOLOGIAS PARA APLICAR EN CLASE.-
a. ESTRATEGIAS DE SENSIBILIDAD Y EMPATIA: Esto significa reflexionar en una escala de valores actuales y en un concepto asociado a las virtudes. El entender valores abstractos requiere de una capacidad de pensamiento que no está presente en los niños pequeños, esto se debe tener presente para planificar las actividades. A parte de ello sensibilizar al niño sobre su escala de valores lo ayudará a conocerse mejor y a poner en juicio sus preferencias de valores a través de un análisis explícito. Para analizarlo mejor veremos el siguiente ejemplo: El significado de la palabra "valentía", promover el significado de valentía, dándole a escoger distintas situaciones que aparentemente significa valentía. Otra escala de valores se refiere a cuales son las personas más importantes para los alumnos.
b. SENSIBILIZACION DE LO QUE ES LA PRESION DE LOS PARES: Estas pueden ser presiones Explícitas e Implícitas. Explícita, por ejemplo, lo inducen a hacer las cosas negativas. Implícita, cuando el niño se viste diferente y los marginan. Las actividades que se van a llevar a cabo son que los profesores dan una introducción al significado de presión de pares, es decir dándose la debida orientación en las situaciones mas frecuentes que los niños enfrentan en su vida diaria. Se debe incentivar a los alumnos mediante cuestionarios que adopten criterios ante situaciones negativas para que de esta manera se trate de combatir el origen de los problemas.
c. SENSIBILIZACION DE LO QUE ES LA PRESION DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: Se trata de enseñar a los niños a identificar la "manipulación" que ejercen los medios de comunicación sobre los valores de las personas, con estas bases se permitirá que el niño mas adelante pueda defenderse de las presiones negativas, es decir, se orienta a los niños que en una teleserie identifiquen vicios y virtudes, los niños más pequeños pueden analizar en un dibujo animado que personaje presentan valores y modelos positivos.
d. COMPARACIONES: Luego de que los niños expresen su opinión sobre temas conflictivos se les pide que comparen sus respuestas con otros alumnos, la idea de esta actividad es que los alumnos logren estar concientes de los sentimientos o ideas de otros promoviendo la empatía en ellos.
LOS VALORES EN EL CURRÍCULO.-
La escuela es un agente socializador y reproductor de valores presentes en las sociedades y que debe destinar un espacio para la educación en valores. Los valores deben estar definidos en el PEI (Proyecto Educativo Institucional), con los cuales la institución se identifica y plantea desarrollarlos.
Más concretamente los valores se hacen presentes en el aula mediante los temas transversales, estos temas transversales van a responder a realidades o necesidades que tienen una muy especial relevancia para la vida de las personas y la construcción de la sociedad, como hechos dicho los temas transversales es una propuesta curricular concreta.
En el diseño curricular, la educación en valores se encuentra en los objetivos de enseñanza generales, esta educación es abierta y flexible, es abierta porque cada profesor en su centro la define y una vez tomada la decisión debe ir en el PEI y en el PCCE (Proyecto Curricular del Centro Educativo).
Los valores también se muestra en los contenidos actitudinales por ello se encuentran en cada sesión de aprendizaje.
Como dijimos anteriormente los temas transversales entran de lleno en la educación en valores, hablar de temas transversales es hablar de valores y debe estar expresado en el PEI como los objetivos generales de la etapa, estos temas transversales van a responder a problemas en el ámbito social y requieren una respuesta educativa.


El papel de la escuela consiste en acoger y tratar en las aulas aquellos conflictos que en el momento actual constituyen ámbitos prioritarios de preocupación social.


¿EN QUÉ ÁMBITOS O FORMAS SE PUEDEN DESARROLLAR LOS VALORES EN LA ESCUELA?
a. Educación formal.- Los valores están incorporados en la eficiencia o improductividad del Servicio Educativo, el cumplimiento o incumplimiento, la exigencia o la laxitud con que se instrumentan las actividades formales en la educación.
b Educación informal.- Los valores se brindan de una manera casual y no deliberada, no parte del programa, ni del contenido, ni de la materia es un estilo personal de enseñar y la convivencia maestro-alumno (manera de asesorar, motivar, entusiasmar) es la singularidad del profesor.
c. La cultura de la escuela.- Las organizaciones poseen una cultura o estilo organizacionales por los valores, prácticas y reglamentos que poseen (tradiciones, rituales, creencias), es un estilo de vida de la organización en el aspecto administrativo, laboral y sindical.
d. Actividades extraacadémicas.- Tareas deportivas, sociales, culturales; en esta convivencia se imparte valores; forman parte de un programa intencional y deliberado; las tareas disciplinarias incorporan orden, respeto, tolerancia; se lleva a de una manera significativa.
e. Participación cívica.- La escuela tiene la responsabilidad de prolongar fuera de escuela la educación moral y propiciar actividades que tengan trascendencia social, como por ejemplo implicarse en proyectos sociales que asuman responsabilidades como ONG, programas asistenciales, animaciones socioculturales, campañas; celebraciones de semanas temáticas que intentan potenciar el compromiso social del centro (solidaridad, paz, etc.) Organización de talleres, debates, conciertos, campañas para recoger ayuda económica o material destinado a zonas marginales.
f. Función tutorial .- Es un carácter personalizado de la educación, busca facilitar la integración de los alumnos en el grupo, el desarrollo de su personalidad, autorespeto y respeto hacia los demás, lo realiza a través de actividades, las entrevistas individuales con los alumnos y sus familias; la forma más colectiva es la organización de actividades que fomenta la convivencia y participación (excursiones, campañas o visitas culturales).
g. Los programas de valores.- Es deliberado y organizado, puede ir desde un ciclo de conferencias hasta el diseño de ciertas prácticas en las sesiones de clase (creatividad para una estrategia educativa). Los valores que se pueden desarrollar son la libertad, justicia, solidaridad, igualdad, responsabilidad y honestidad.


www.monografias.com/.../educacion-en-valores/educacion-en-valores.shtml








miércoles, 29 de septiembre de 2010

2.1.2 Valores y Principios

2. Valores y Ética Ambiental
2.1.2 Valores y Principios

El criterio de valoración www.aceb.org/v_pp.htm - 30k

Desde la perspectiva ética, un objeto tiene mayor valor en la medida en que sirve mejor para la supervivencia y mejora del ser humano, ayudándole a conseguir la armonía y la independencia que necesita y a las que aspira.
Es por tanto esencial que los valores que se elijan y que se persigan en la propia vida se correspondan con la realidad del hombre, es decir, sean verdaderos. Porque sólo los valores verdaderos pueden conducir a las personas a un desarrollo pleno de sus capacidades naturales. Puede afirmarse que, en el terreno moral, un valor será verdadero en función de su capacidad para hacer más humano al hombre.
Veamos un ejemplo. Puedo elegir como ideal el egoísmo, en la forma de búsqueda de la propia comodidad y del propio bienestar, desestimando las exigencias de justicia y respeto que supone la convivencia con otras personas y que exigen renuncias y esfuerzos. La personalidad se volverá entonces insolidaria, ignorando los aspectos relacionales y comunicativos esenciales en el ser humano. Hecha la elección, el crecimiento personal se detendrá e iniciará una involución hacia etapas más primitivas del desarrollo psicológico y moral.
Por el contrario, si se elige como valor rector la generosidad, concretada en el esfuerzo por trabajar con profesionalidad, con espíritu de servicio, y en la dedicación de tiempo a causas altruistas y solidarias, entonces se favorecerá la apertura del propio yo a los demás, primando la dimensión social del ser humano y estimulando el crecimiento personal.
www.monografias.com/trabajos6/etic/etic.shtml - 101k
El Problema de los Valores. De este problema surgen numerosos cuestionamientos pero el problema radica principalmente en la objetividad y subjetividad de los valores, o sea, que existen cuestionamientos sobre si ¿los valores son objetivos?, ¿los valores existen fuera de la mente de tal manera que todo hombre deba acatar los valores ya definidos?, o si los valores son subjetivos porque ¿dependen de la mentalidad de cada sujeto?. También existe otro aspecto, su conocimiento, ¿cómo podemos conocer los valores? y en sí ¿cuál es su esencia?
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Valores universales
Como acabamos de referir (tal como se deduce del proceso de desarrollo del ser humano), la maduración personal sólo se facilitará procurando eliminar obstáculos que puedan originar una detención de la misma o una regresión a etapas más primitivas (propio interés). Por eso, parece acertado concretar algunos valores universales, deseables para todos.

En este sentido, la formulación clara y precisa del imperativo categórico kantiano ofrece abundante luz. Así, en la segunda formulación del Imperativo, en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, dice: «Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, nunca meramente como un medio, sino que, en todo momento, la trates también como a un fin». Y en la tercera insiste en el mismo sentido: «Pues los seres racionales están todos bajo la ley de que cada uno debe tratarse a sí mismo y debe tratar a todos los demás nunca meramente como medio, sino siempre a la vez como fin en sí mismo. De este modo, surge un enlace sistemático de seres racionales por leyes objetivas comunes, esto es un reino, el cual, dado que estas leyes tienen por propósito precisamente la referencia de estos seres unos a otros como fines y medios, puede llamarse un reino de los fines»
Se trata de aquellos valores que se fundamentan en la dignidad incondicionada de todo ser humano. Una dignidad que -como puede deducirse de su propia génesis- no admite ser relativizada, no puede depender de ninguna circunstancia (sexo, edad, salud - calidad de vida - y demás cualidades).

Los valores www.crim.unam.mx/cultura/informe/cap16.11.htm - 9k
Consideramos como valores las ideas sobre lo que es socialmente deseable. Puede tratarse de una situación deseable, como por ejemplo viviendas adecuadas para la población o un nivel de salud pública satisfactorio. Puede tratarse también de mentalidades o de comportamientos. Para que una idea se transforme en un valor debe ser compartida por mucha gente. Deber ser de naturaleza muy general y, por lo tanto, suficientemente abstracta como para aplicarse a un amplio espectro de situaciones prácticas. En este sentido, los valores difieren de las normas, las cuales se aplican a situaciones más específicas. No todos los valores son válidos para toda la sociedad. Los que sí lo son reciben comúnmente el calificativo de universales. Los que se aplican sólo a ciertas áreas, por ejemplo, a la ética médica, reciben el nombre de particulares. En nuestro caso nos ocuparemos exclusivamente de los universales.
Los valores sirven como líneas directrices para la política, el pensamiento y el comportamiento. También pueden utilizarse como normas para juzgar casos particulares de estos fenómenos. Esta versión del concepto de valor es muy corriente en sociología, por ejemplo en los trabajos de Parsons. En cuanto al uso del concepto en un análisis real, se imponen algunas consideraciones.
En primer lugar, aunque los valores sean ampliamente compartidos, no necesitan serlo con el mismo grado por todas las categorías de la población. Lo mismo se aplica a los distintos países que se encuentran en la misma área cultural, por ejemplo Europa del norte y del oeste. El análisis de los valores siempre debe tener en cuenta las diferencias entre las categorías de la población e incluso, si es posible, entre los países.
En segundo lugar, cuando los datos se obtienen a partir de encuestas, los valores de los individuos se asimilan idealmente con sus opiniones sobre "cómo deberían ser las cosas". Muchas preguntas del cuestionario se adecuan a este modelo, pero también es posible extraer conclusiones de otros tipos de preguntas. Una pregunta sobre satisfacción perciba, por ejemplo, indica lo que la persona interrogada piensa de tal o cual cosa. Un bajo nivel de satisfacción en un sector como el de la vivienda puede interpretarse como un valor que no se lleva a la práctica, siendo letra muerta.
En tercer lugar, los valores reflejan el pensamiento. La gente se comporta de acuerdo con sus valores. Sin embargo, el comportamiento puede diferir del que se podría esperar basándose en los valores de un individuo. Alguien puede aceptar ciertos valores positivos pero su comportamiento real puede no estar de acuerdo con ellos, debido quizás a la necesidad o a ciertas inhibiciones. Otros pueden expresar ideas socialmente negativas, pero comportase mejor de lo que se podría prever. Por tanto, el conocimiento de los valores de una cultura determinada refleja lo que la gente piensa que es importante, pero no su conducta real.
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¿Qué es un principio?
En sentido ético o moral llamamos principio a aquel juicio práctico que deriva inmediatamente de la aceptación de un valor. Del valor más básico (el valor de toda vida humana, de todo ser humano, es decir, su dignidad humana), se deriva el principio primero y fundamental en el que se basan todos los demás: la actitud de respeto que merece por el mero hecho de pertenecer a la especie humana, es decir, por su dignidad humana.
Vamos a examinar a continuación este valor fundamental (la dignidad humana), el principio ético primordial que de él deriva (el respeto a todo ser humano), y algunos otros principios básicos.
La dignidad humana, un valor fundamental
En la filosofía moderna y en la ética actual se propaga una subjetivización de los valores y del bien.


Un principio es una ley o regla que se cumple o debe seguirse con cierto propósito, como consecuencia necesaria de algo o con el fin de lograr cierto propósito. Las leyes naturales son ejemplos de principios físicos, en matemáticas, lingüística, algoritmico y otros campos también existen principios necesarios o que se cumplen sin más o que deberían cumplirse si se pretende tener cierto estado de hechos.


Etimológicamente principio deriva del latín principium 'comienzo, primera parte, parte principal' a su vez derivado de prim- 'primero, en primer lugar' y cap(i)- 'tomar, coger, agarrar', por lo que literalmente principium es 'lo que se toma en primer lugar'. Se le puede llamar principio a los valores morales de una persona o grupo.


Desde David Hume, existe una corriente de pensamiento que se expresa en la idea de que no es posible derivar ningún tipo de deber a partir del ser de las cosas. El paso siguiente nos lleva a concluir que por valores entendemos nuestras impresiones, reacciones y juicios, con lo cual convertimos el deber en un fruto de nuestra voluntad o de nuestras decisiones.
En el positivismo jurídico tipo Kelsen el derecho es el resultado de la voluntad de las autoridades del estado, que son las que determinan aquello que es legalmente correcto - y legítimo - y lo que no lo es.
En ética, el positivismo y el empirismo afirman que bueno y malo son decisiones meramente irracionales o puro objeto de impresiones o reacciones, o sea, del campo emocional. Tanto en el positivismo como en el empirismo existe aún, es verdad, la idea de valores, pero sólo como una idea subjetiva o como objeto de consenso. El acuerdo por ejemplo de un grupo o de un pueblo crea los valores.
En realidad esto conduce a un relativismo total. Así por ejemplo, el grupo podría acordar que los judíos no son seres humanos o que no poseen dignidad, y que por tanto se los puede asesinar sin miedo a castigo alguno. Para esta teoría no existe ningún fundamento que se base en la naturaleza de las cosas y cualquier punto de vista puede además variar de una a otra época. No existe ninguna barrera segura de valores frente a la arbitrariedad del estado y el ejercicio de la violencia.
Sin embargo, el propio conocimiento y la apertura natural a los demás nos permite reconocer en ellos y en nosotros el poder de la inteligencia y la grandeza de la libertad. Con su inteligencia, el hombre es capaz de trascenderse y de trascender el mundo en que vive y del que forma parte, es capaz de contemplarse a sí mismo y de contemplar el mundo como objetos. Por otro lado, el corazón humano posee deseos insaciables de amor y de felicidad que le llevan a volcarse - con mayor o menor acierto- en personas y empresas. Todo ello es algo innato que forma parte de su mismo ser y siempre le acompaña, aunque a veces se halle escondido por la enfermedad o la inconsciencia.
En resumen: a la vez que forma parte del mundo, el hombre lo trasciende y muestra una singular capacidad - por su inteligencia y por su libertad - de dominarlo. Y se siente impulsado a la acción con esta finalidad. Podemos aceptar por tanto que el valor del ser humano es de un orden superior con respecto al de los demás seres del cosmos. Y a ese valor lo denominamos "dignidad humana".La dignidad propia del hombre es un valor singular que fácilmente puede reconocerse. Lo podemos descubrir en nosotros o podemos verlo en los demás. Pero ni podemos otorgarlo ni está en nuestra mano retirárselo a alguien. Es algo que nos viene dado. Es anterior a nuestra voluntad y reclama de nosotros una actitud proporcionada, adecuada: reconocerlo y aceptarlo como un valor supremo (actitud de respeto) o bien ignorarlo o rechazarlo.
Este valor singular que es la dignidad humana se nos presenta como una llamada al respeto incondicionado y absoluto. Un respeto que, como se ha dicho, debe extenderse a todos los que lo poseen: a todos los seres humanos. Por eso mismo, aún en el caso de que toda la sociedad decidiera por consenso dejar de respetar la dignidad humana, ésta seguiría siendo una realidad presente en cada ciudadano. Aún cuando algunos fueran relegados a un trato indigno, perseguidos, encerrados en campos de concentración o eliminados, este desprecio no cambiaria en nada su valor inconmensurable en tanto que seres humanos.
Por su misma naturaleza, por la misma fuerza de pertenecer a la especie humana, por su particular potencial genético - que la enfermedad sólo es capaz de esconder pero que resurgirá de nuevo si el individuo recibe la terapéutica oportuna -, todo ser humano es en sí mismo digno y merecedor de respeto.
Principios derivados de la dignidad humana
La primera actitud que sugiere la consideración de la dignidad de todo ser humano es la de respeto y rechazo de toda manipulación: frente a él no podemos comportarnos como nos conducimos ante un un objeto, como si se tratara de una "cosa", como un medio para lograr nuestros fines personales.
Principio de Respeto
«En toda acción e intención, en todo fin y en todo medio, trata siempre a cada uno - a ti mismo y a los demás- con el respeto que le corresponde por su dignidad y valor como persona»
Todo ser humano tiene dignidad y valor inherentes, solo por su condición básica de ser humano. El valor de los seres humanos difiere del que poseen los objetos que usamos. Las cosas tienen un valor de intercambio. Son reemplazables. Los seres humanos, en cambio, tienen valor ilimitado puesto que, como sujetos dotados de identidad y capaces de elegir, son únicos e irreemplazables.
Dado que los seres humanos son libres, en el sentido de que son capaces de efectuar elecciones, deben ser tratados como fines, y no únicamente como meros medios. En otras palabras: los hombre no deben ser utilizados y tratados como objetos. Las cosas pueden manipularse y usarse, pero la capacidad de elegir propia de un ser humano debe ser respetada.
Un criterio fácil que puede usarse para determinar si uno está tratando a alguien con respeto consiste en considerar si la acción que va a realizar es reversible. Es decir: ¿querrías que alguien te hiciera a ti la misma cosa que tu vas a hacer a otro? Esta es la idea fundamental contenida en la Regla de Oro: «trata a los otros tal como querrías que ellos te trataran a ti». Pero no es ésta una idea exclusiva de los cristianos. Más de un siglo antes del nacimiento de Cristo, un pagano pidió al Rabí Hillel que explicara la ley de Moisés entera mientras se sostenía sobre un solo pié. Hillel resumió todo el cuerpo de la ley judía levantando un pié y diciendo: «No hagas a los demás lo que odiarías que ellos hicieran contigo».
Principios de No-malevolencia y de Benevolencia
«En todas y en cada una de tus acciones, evita dañar a los otros y procura siempre el bienestar de los demás».
Principio de doble efecto
«Busca primero el efecto beneficioso. Dando por supuesto que tanto en tu actuación como en tu intención tratas a la gente con respeto, asegúrate de que no son previsibles efectos secundarios malos desproporcionados respecto al bien que se sigue del efecto principal»
El principio de respeto no se aplica sólo a los otros, sino también a uno mismo. Así, para un profesional, por ejemplo, respetarse a uno mismo significa obrar con integridad.
Principio de Integridad
«Compórtate en todo momento con la honestidad de un auténtico profesional, tomando todas tus decisiones con el respeto que te debes a ti mismo, de tal modo que te hagas así merecedor de vivir con plenitud tu profesión». Ser profesional no es únicamente ejercer una profesión sino que implica realizarlo con profesionalidad, es decir: con conocimiento profundo del arte, con absoluta lealtad a las normas deontológicas y buscando el servicio a las personas y a la sociedad por encima de los intereses egoístas.
Otros principios básicos a tener presentes son los de justicia y utilidad.
Principio de Justicia
«Trata a los otros tal como les corresponde como seres humanos; sé justo, tratando a la gente de forma igual. Es decir: tratando a cada uno de forma similar en circunstancias similares».
La idea principal del principio de justicia es la de tratar a la gente de forma apropiada. Esto puede expresarse de diversas maneras ya que la justicia tiene diversos aspectos. Estos aspectos incluyen la justicia substantiva, distributiva, conmutativa, procesal y retributiva.
Principio de Utilidad
«Dando por supuesto que tanto en tu actuación como en tu intención tratas a la gente con respeto, elige siempre aquella actuación que produzca el mayor beneficio para el mayor número de personas».
El principio de utilidad pone énfasis en las consecuencias de la acción. Sin embargo, supone que has actuado con respeto a las personas. Si tienes que elegir entre dos acciones moralmente permisibles, elige aquella que tiene mejor resultado para más gente.

www.bb.com.mx/article/articleview/88/1/7 - 46k
www.isdem.gob.sv/documentos/carta.pdf

lunes, 27 de septiembre de 2010

2.1Sistema de Valores

2 Valores y Ética Ambiental
Sistema de Valores
El concepto de valor parte del grado de utilidad o aptitud de las cosas para satisfacer necesidades o proporcionar bienestar o deleite.
El valor de un bien está determinado por la cantidad de trabajo que se gastó en producirlo.
Un producto puede ser útil sin tener valor, tal es el caso del aire, de la tierra, de los campos, etc.
En términos cuantitativos, el valor de un bien se descompone en valor de las materias primas usadas, mas el valor del coste de producción, más la plusvalía generada por la fuerza de trabajo.
CONCEPTO DE VALOR
Se considera "Valor" a aquellas cualidades o características de los objetos, de las acciones o de las instituciones atribuidas y preferidas, seleccionadas o elegidas de manera libre, consciente, que sirven al individuo para orientar sus comportamientos y acciones en la satisfacción de determinadas necesidades.
Por su configuración mental o espiritual, el hombre no vive en un mundo sumergido por cosas materiales, sino en un ambiente de valores, símbolos y señales. Ante esto, es necesaria una exacta comprensión de los valores.
Los valores se fundan en dos puntos:
1- Un sujeto dotado de necesidad de motivación.
2- Un objeto, una persona, una actitud, algo, en fin, capaz de satisfacer o atender la exigencia del sujeto.
En sentido humanista, se entiende por valor lo que hace que un hombre sea tal, sin lo cual perdería la humanidad o parte de ella. El valor se refiere a una excelencia o a una perfección. Hablar de valores humanos significa aceptar al hombre como el supremo valor entre todas las realidades humanas, y que no debe supeditarse a ningún otro valor terreno, dinero, estado o ideología, por ello los valores están presentes en toda sociedad humana.
La sociedad exige un comportamiento digno en todos los que participan de ella, pero cada persona se convierte en un promotor de Valores, por la manera en que vive y se conduce. Desde un punto de vista socio-educativo, los valores son considerados referentes, pautas o abstracciones que orientan el comportamiento humano hacia la transformación social y la realización de la persona.
Los Valores son guías que dan determinada orientación a la conducta y a la vida de cada individuo y de cada grupo social.
Max Scheler presenta la siguiente escala de valores:
1.- De lo agradable y desagradable que corresponde a la naturaleza sensible, en general.
2- Vitales, cuya categoría fundamental son "lo noble" y "lo vulgar". Tienen que ver con la valoración de lo humanamente vital: la juventud, la lozanía, la vitalidad, etc.
3- Espirituales; estos comprenden:
o Los valores estéticos (la belleza).
o Los valores jurídicos (la justicia).
o Los valores del conocimiento puro (la verdad).
4- Religiosos, que se expresan a través de "lo sacro" y "lo profano". Este valor Funda, sostiene a los anteriores por ello es el valor supremo.
“La palabra valor es polisémica, tiene diversos sentidos. Como primera definición, constituye el grado de utilidad o aptitud de las cosas para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite. Equivale, por tanto, a provecho, beneficio, utilidad. De otro lado, nos habla de coraje y valentía. Y, dicho en plural, valores, remite a réditos, bonos, acciones, títulos. Incluso en la alimentación , en la cual se hable de valor nutricional
Muchos entienden hoy que la sociedad progresa con ese valor, y esos valores, unidos a la economía. Pero quizás el mundo avanzaría más, de una forma más justa, y los seres humanos serían más felices, si diéramos a los valores otros significados que cuesta encontrar en los diccionarios y que se dirigirían a la búsqueda de la equidad, la justicia, la libertad, la honestidad, la ética, la educación integral, el idealismo puesto en práctica, los derechos humanos, los derechos civiles, los que ayudan a disfrutar de la vida en salud, la generosidad, -y de nuevo- la justicia en lugar de la caridad, el compromiso, y todos los que cada uno quiera añadir. Elegir entre una y otra vertiente de los valores se aprende en casa y en el colegio”.
Actualmente, no es que haya una pérdida del sistema de valores, sino una guerra de valores. Conviven muchas ideologías y muchas tendencias. Los que defienden el racismo, los que viven el catolicismo o las ideas medievales como sistema de obligado cumplimiento social, los liberales de todas las tendencias, los monetaristas, los pragmáticos, la nueva religión de los equidistantes, los neopunkies, los “neotodoloviejo”. A diario, en efecto, nos encontramos con personas poseedoras de opinión que defiende a ultranza, en el convencimiento de que sólo la suya es la acertada. La democracia es el sistema mayoritario del mundo actual. Para mí es una “democracia enferma”, en degeneración, pero uno de sus lemas fundamentales es el respeto por las ideas de todos. Aún se sigue hablando de que "las cosas tienen un valor u otro," de que tienen valor "positivo o negativo." Esto es mirar el problema de los valores desde el punto de vista de las cosas. Importa considerar los valores como algo que tenemos o que podemos tener en nuestro interior las personas. Los valores están arraigados en la misma condición de la existencia y los valores constituyen un punto de mira y el objetivo último en la formación de toda la personalidad De hecho, una fuente de ansiedad de los jóvenes es la de no contar con los valores accesibles para construir la base que le permita establecer su propia identidad y un modo personal de relacionarse con el mundo.
Un valor es la creencia estable de que algo es bueno o malo; de que algo es preferible a su contrario. Estas creencias nunca van solas, sino que siempre están organizadas en nuestro psiquismo de manera que forman escalas de preferencia relativa.
En el Modernismo resurge la concepción subjetiva de los valores, retomando algunas tesis aristotélicas. Hobbes en esta etapa expresó: "lo que de algún modo es objeto de apetito o deseo humano es lo que se llama bueno. Y el objeto de su odio y aversión, malo; y de su desprecio, lo vil y lo indigno. Pero estas palabras de bueno, malo y despreciable siempre se usan en relación con la persona que los utiliza. No son siempre una regla de bien, si no tomada de la naturaleza de los objetos mismos" www.monografias.com/.../nuevmicro.shtml
Cada uno tiene una escala de valores. Esta afirmación debería ser completada con otras, que actualmente son aceptadas por la psicología:
El número de valores que posee una persona es relativamente pequeño. Los verdaderos valores, los que íntimamente me dicen "por dónde ir," son pocos, La existencia de muchos valores acaba en dispersión y despersonalización.
Los valores son universales. Es decir, que existe un conjunto de valores que so comunes a todos los hombres y a lo largo y ancho del mundo., Lo que diferencia a unos hombres de otros es la mayor o menor intensidad que con que los viven.
Es verdad que los valores que tenemos reflejan nuestra personalidad, pero también lo es que de nuestros valores son responsables, en gran medida, las instituciones en las que hemos vivido, la cultura en la que nos movemos, y, en toda su amplitud, la sociedad.
Importancia de los valores. Los valores son pautas y guías de nuestra conducta. Sólo el hombre es capaz de trascender del estímulo al sentido. Las personas nos interrogamos constantemente acerca del significado de nosotros mismos, de lo que hacemos y del mundo que nos rodea. Esto es un indicador de que las personas tenemos necesidad de encontrar un sentido, de obrar con propósito claro, de saber a dónde nos encaminamos y por qué razón. Una escala de valores permite elegir entre caminos alternativos.
Un sistema de valores permite al hombre resolver los conflictos y tomar decisiones. La escala de valores será responsable en cada caso de los principios y reglas de conducta que se pongan en funcionamiento. La carencia de un sistema de valores bien definido deja al sujeto en la duda, a la vez que lo entrega en manos ajenas a su persona.
Los valores son la base de la autoestima. Se trata de un "sentimiento base" (McDougall), un sentimiento de respeto por uno mismo. Este sentimiento necesita, para mantenerse y verse reforzado, de un sistema de valores coherente. Sólo sé quién soy si sé lo que prefiero, si sé definir algunos objetivos de mi vida con cierta claridad. Y solamente sé lo que quiero si he asimilado algunos valores que me ayudan a entender, dar sentido y expresar mi relación con el mundo y con las cosas de manera integrada y que me proporciona paz.
Los valores defensivos. Hay valores y antivalores. Estos aparecen a veces camuflados como valores. Por eso, los valores, como todo lo humano, deben pasar por la criba de la autenticidad. Existen valores negativos, que simplemente justifican lo que uno hace.
Tipos de valores. Desde la clasificación de Spranger, que clasificaba los valores en "teóricos," "económicos," "estéticos," "sociales," "políticos" y "religiosos," se han sucedido las clasificaciones que intentan aclarar un mundo tan intrincado. Cuando pensamos que una persona tiene un valor, estamos imaginando que estima mucho una forma de comportarse los hombres. Siempre que pensamos en valores deberemos preguntarnos por nuestra situación interior en estos dos terrenos: el terminal y el instrumental.
Valores terminales. son los valores más abstractos y de innegable universalidad (amistad, aprecio, armonía interior, autoestima,. Belleza, estabilidad, igualdad, la paz mundial, la salvación, libertad, placer, prosperidad, realización, sabiduría, familia, felicidad, amor, plenitud vital). De estos valores, unos son personales y otros interpersonales. ¿En qué orden los inculcamos y trasmitimos?
Los valores instrumentales
son aquellos que se refieren a la estima que tenemos por determinadas conductas y formas de comportarse de los hombres (abierto, afectivo, ambicioso, animoso, autocontrolado, creativo, educado, eficaz, independiente, intelectual, honrado, limpio, lógico, magnánimo, obediente, responsable, servicial, valiente). Esta escala es relativa, pues de acuerdo con la consideración social de cada uno, da preferencia a unos valores obre otros.
Los valores son inseparables de la ética. Esto es natural, porque todo lo relacionado con el hombre implica una dimensión ética. Por eso, educar en valores es una educación en libertad y para la libertad; ésta es la base de la ética. Así pues, no es suficiente conocer r los valores, sino que hay que integrarlos en la propia vida. Este es el objetivo de la educación moral. El hombre es un ser ético o moral. Posee un conocimiento operativo de la diferencia objetiva entre el bien y el mal y también de la posibilidad que el hombre tiene de realizar actos buenos o malos. La bondad o maldad de un acto no depende de su realización física, sino de su relación a su propio fin y percepción. Un acto es bueno cuando se ordena al fin propio del hombre. La expresión del orden que regula los actos humanos es la ley. Moralidad y ley se hallan estrechamente relacionados.
La conciencia, que incluye el conocimiento de la ley, es juez de la moralidad de nuestras acciones. Ley no es una coacción de la libertad, como tan frecuentemente se oye decir, porque la ley expresa el orden que regula la bondad del acto humano. No proviene de fuera del hombre, sino de su misma naturaleza. La educación moral ha de conducir, por tanto, a la formación del hábito de cumplir la ley. Adquirir hábitos morales. A veces se ha contrapuesto la libertad a la ley. El romanticismo da especial relieve a los hechos afectivos, desvinculándolos de los actos de la voluntad.
La educación moral, como cualquier educación, es primariamente intelectual; pero no solamente intelectual. La necesidad de actividades concretas resulta fácil de programar y realizar cuando se trata de hábitos particulares o destrezas. Pero cuando se trata de un hábito tan general como "disposición para el cumplimiento de las leyes," resulta muy difícil determinar qué actos deben realizarse para adquirir tal disposición.
Un acto tiene valor educativo cuando está bien hecho; en otro caso sería indiferente o tal vez negativo para el fin que se persigue. Esto vale tanto como decir que en la formación del hábito para el cumplimiento de la ley sirven los actos en los cuales se cumpla bien alguna ley. En otras palabras: la preocupación por la obra bien hecha es esencial en la formación de cualquier hábito.
Valores humanos www.monografias.com/trabajos15/valores-humanos/valores-humanos.shtml - 118k
Todo lo anterior nos proporciona elementos para conformar el perfil del hombre contemporáneo o también llamado sujeto posmoderno.1 "La posmodernidad no destruye lo axiológico, sino solamente su fundamento absoluto, su punto de referencia. La posmodernidad inventa nuevos valores, pero todos ellos andan huérfanos de fundamento: hedonismo, egoísmo, ... ausencia de sentido, ... individualismo, agresividad, entre otros" (Colom y Mèlich, 1995: 53). Es el individuo de la contradicción: por un lado es quien produce y domina la nueva tecnología, posee ciertas aptitudes, ejecuta órdenes; por el otro, es un ser enajenado, alejado de los ideales, desmoralizado, que con facilidad estalla con violencia e intenta "aplastar" a sus semejantes. El panorama es desalentador, y los esfuerzos reivindicatorios tienen que centrarse en la escuela.
Por último, la educación básica no es sólo una de tantas etapas de formación escolar, sino también es la base en la que se constituye la personalidad del individuo, o sea, el fundamento intelectual, moral, emocional, etc., que orientará su posterior desarrollo; lo principal. De ahí la importancia de la transformación de este nivel académico, que debe consistir en una reestructuración de la curricula y las prácticas escolares en las que los profesores y los alumnos aborden crítica y reflexivamente (Paulo Freire, 1997:40), mediante técnicas grupales, los diversos temas de actualidad: el racismo, las crisis económicas, la identidad nacional, la globalización, la sexualidad, etc., otorgando primordial importancia al fomento de los valores en coordinación con la familia. Sólo así es posible construir un nuevo modelo de sociedad, que se distinga por la justicia, la igualdad y la armonía.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Cuestionario II Desarrollo Sustentable

Cuestionario de la 2a unidad Desarrollo Sustentable




1.- Conceptos de Sistema de Valores.
2.- Definición de Valores
3.-Explique las Características de los Valores
4.- ¿Cómo se manifiestan los valores¨?
5.- Escriba el concepto de Principio
6.- Que es valor Moral?
7.- Explique significa educar en valores
8.- ¿Cual es el propósito principal de la Educación en Valores?
9.- ¿en que contribuye la Educación en Valores al proyecto de vida del individuo?
10.- Cómo se manifiesta la Formación de Valores del Profesional?
11.- Que elementos comprende la Formación Profesional (profesional integral)
12.- Escriba y explique algunos principios del Profesional integral en Administración
13.- Cómo se explican los Valores Profesionales
14.- Cómo se manifiesta la personalidad profesional
15. Concepto de Actitudes.
16.-Cuáles son los Componentes Actitudinales? Explíquelos
17.- Concepto de educación Ambiental no Formal
18.- De algunos ejemplos de participación ciudadana en la conservación del ambiente
19.- Mencione las ocho creencias sobre las interacciones entre los seres humanos y el

medio ambiente.
20.- ¿qué obstáculos tiene la gente de los países “ricos” para cambiar su conducta hiperconsumista hacia otra proambiental?
21.- De algunos ejemplos de la tecnología y los efectos colaterales,
22.- ¿en que consiste el Valor estético?
23.- Cuales son los cuatro tipos de conducta proambiental? Explique

2.3.1 Relación Valores, Actitudes y creencias con el comportamiento y su influencia en la preservación del Medio Ambiente

VALORES, ACTITUDES, CREENCIAS Y CONDUCTA: ¿CÓMO FOMENTAR CONDUCTAS AMBIENTALMENTE RESPONSABLES? www.cibersociedad.net/public/documents/47_bj8r.pdf
F.J. Aznar, M. Fernández y J.A. Raga
Unidad de Zoología Marina, Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología
Evolutiva, Universitat de València. A.P. 22085, Valencia 46071, España.

Existe un amplio consenso de que la forma como se utilizan y gestionan los recursos actualmente es incompatible con el principio de sostenibilidad. Las dos grandes causas de insostenibilidad son las siguientes:

Crecimiento poblacional. Muchos ecólogos han especulado sobre qué carga poblacional humana podría soportar el planeta, asumiendo un consumo de recursos que asegure una mínima prosperidad (que incluye poder comer, vestirse, y tener una casa y un trabajo dignos).

La respuesta es que, más allá de los dos mil millones de personas, esta prosperidad “digna” no puede garantizarse a largo plazo. Sin embargo, la población humana ha pasado, en tan sólo 75 años, de dos mil a seis mil millones, y no hay visos de que esta tendencia vaya a detenerse pronto. A este ritmo de crecimiento, el equilibrio poblacional probablemente se alcanzará por la fuerza, mediante hambrunas, enfermedades, guerras, genocidios, etc. Rodolfo Reyes López

Consumo desmesurado. La conducta general, alentada por el sistema económico capitalista predominante, es el consumo compulsivo, ineficiente y descontrolado. El problema, además, es que el reparto de riqueza es asimétrico: la población de los países industrializados representa un 20% del total pero consume alrededor del 85% de los recursos. Simplemente, si el resto de la humanidad quisiese imitar el nivel de consumo de, p.e., estadounidenses y canadienses juntos, necesitaría un nivel de recursos equivalente al de tres “Tierras”. Y el problema no es sólo el consumo excesivo, sino la inmensa cantidad de “subproductos” derivados de la ineficiencia, entre los que destacan, sobre todo, el dispendio (malgastar materiales y energía), y la contaminación. En estos momentos estamos literalmente “robando” recursos a las generaciones venideras.

Para hacernos una idea de algunos de los problemas más graves e inmediatos derivados de la superpoblación y el consumo desmesurado, podemos citar los siguientes (y nos centramos sólo en aquellos más importantes para la supervivencia humana): (a) cambio climático debido al efecto invernadero; (b) destrucción de la capa de ozono; (c) destrucción de bosques y selvas; (d) sobreexplotación de recursos pesqueros y decrecimiento de productividad agrícola debido a prácticas no sostenibles; (e) lluvia ácida; (f) contaminación y sobreexplotación de los suministros de agua dulce, y (f) acumulación de tóxicos en los organismos (incluyendo el ser humano). La cantidad de consecuencias sanitarias, económicas y sociales de estos problemas es sencillamente desorbitante.

¿Qué impide solucionar este problema? Como muchos otros problemas de la vida (de los adultos), se puede hacer un resumen sencillo y otro interminable. La formulación más simple es probablemente la llamada “tragedia de los comunes”. Este concepto se refiere al hecho de, cuando existen recursos que pertenecen a una comunidad (p.e., los recursos planetarios, que “pertenecen” a la humanidad), los individuos típicamente se comportan intentando obtener su propio beneficio a corto plazo aunque esta conducta suponga perjuicios a largo plazo para toda la comunidad. La tragedia de los comunes opera a todas las escalas imaginables (desde el individuo “persona” al individuo “corporación” o “país”). . Todos hemos experimentado este efecto de la tragedia de los comunes en multitud de situaciones cotidianas.

P.e., asistimos a un partido de fútbol y, al acabar, todos queremos llegar a casa cuanto antes. Montamos en el coche e intentamos respetar las normas de tráfico, que (¡al menos en teoría!) harían fluida la circulación. De repente, varios individuos se saltan las normas para ir más rápido... e incluso los más “éticos” seguirán su ejemplo para no quedar los últimos. El resultado, un atasco monumental.

Un resumen un poco más complicado de la tragedia de los comunes respecto al medio ambiente podría describirse como sigue:

• Las multinacionales y los gobiernos de los países desarrollados (sin olvidar a su población) obtienen pingües beneficios a corto plazo con el statu quo.

• Desde un punto de vista económico, el slogan es el crecimiento (cabe preguntarse por qué hay que crecer indefinidamente). Los problemas derivados del crecimiento son tratados como externalidades, es decir, consecuencias indeseables a las que, en el mejor de los casos, puede ponerse precio e “internalizarlas” en el sistema económico (obviamente, uno/a puede “internalizar” el problema de las dioxinas, pero eso no evita que la gente muera de cáncer aunque se puedan incluir los gastos sanitarios globales en los cálculos).
• Aun asumiendo que los gobiernos de los países desarrollados representan realmente a su ciudadanía y muestran buena voluntad para solucionar los problemas medioambientales (de las multinacionales, ni hablar), los aspectos políticos y económicos de una evolución global hacia la sostenibilidad son tan complejos que raramente cabe pensar en soluciones unilaterales (p.e., de forma simplista, puedo pensar que limitar mi número de hijos contribuye infinitesimalmente a limitar la población mundial. Sin embargo, una disminución del número de nacimientos en la población española, per se, lo único que hace es amenazar el estado del bienestar en España).
• Los mismos gobiernos (supuestamente) bienintencionados de los países desarrollados saben que, incluso en su esfera doméstica, cualquier llamada al sacrificio y la privación es impopular y, por tanto, amenaza su continuidad en el poder. En definitiva, ningún gobernante se atreve a pedir (ni mucho menos imponer) cambios sustanciales en nuestro modo de vida. Exigírselos a los países pobres resultaría, cuando menos, inmoral.

Un elemento fundamental para progresar en la dirección adecuada es modificar las conductas individuales. Si los individuos adoptasen los cambios necesarios en su vida, sus gobiernos tendrían, como mínimo, menos problemas para gestionar este cambio a nivel colectivo y mayor legitimidad para limitar la voracidad de los agentes económicos. Desde nuestra ignorancia, suponemos que si el cambio es paulatino, los sistemas políticos y económicos podrían adaptarse a los nuevos escenarios sin dramas. Pero ¿qué obstáculos tiene la gente de los países “ricos” para cambiar su conducta hiperconsumista hacia otra proambiental?
Para responder a esta pregunta, analicemos brevemente algunos rasgos de los individuos de dichos países:

Mucha gente cree que los avances tecnológicos pueden solucionar por sí solos los problemas medioambientales (p.e., generando sistemas más eficientes de consumo energético o de “limpieza” de subproductos). Desgraciadamente, la fe en los efectos miríficos del progreso es alentada por muchos economistas “clásicos” y expertos afectos al statu quo. Es innegable que los progresos científicos y tecnológicos pueden aliviar, pero no solucionar, los problemas medioambientales. Es necesario que la gente sepa esto, y la alfabetización científica y tecnológica juega aquí un papel crucial

• La gran mayoría de la gente se resiste a sufrir cambios en sus estilos de vida, sobre todo si percibe que dichos cambios requieren sacrificio y privaciones. Cualquier intento hacia la sostenibilidad tendrá que buscar motivaciones que eviten dichas percepciones.

La mayoría de la gente sigue rutinas en sus modos de vida y, sin el impulso necesario, pospondrá las acciones deseables hasta que el daño ambiental sea irreparable. Se debe concienciar de la urgencia de los problemas.

La gente no suele responder a los mensajes que apelan al miedo; dichos mensajes producen evitación, o incluso negación de que dichos problemas existan. No es de extrañar que un libro tramposo como “El Ambientalista Escéptico”, de B. Lomborg, que niega que existan problemas medioambientales graves (ver documentos-base), haya tenido una gran popularidad y el aplauso de los más siniestros personajes de los gobiernos más desvergonzados. Los intentos hacia la sostenibilidad deben sopesar muy bien el contexto antes de utilizar el miedo y la alarma como argumentos.

• Mucha gente muestra una gran preocupación ante los problemas medioambientales, pero no tiene ni idea de qué puede hacer, ni cómo, ni cree que su acción vaya a marcar alguna diferencia. Por tanto, deben diseñarse estrategias simples, operativas y sencillas que puedan someterse a crítica y evaluación por parte del público, y cuyos resultados demuestren que hay avances tangibles.

Siempre habrá mucha gente que sólo estará dispuesta a considerar problemas medioambientales cuando el impacto afecte su esfera individual y familiar. Por tanto, hay que buscar estrategias que motiven operativamente al cambio también desde presupuestos egoístas.

Cualquier estrategia para promover la conducta proambiental debe tener en cuenta estos hechos. En lo que sigue, discutiremos algunas de las evidencias que la psicología ambiental han revelado respecto a la conducta proambiental. Comenzaremos analizando algunas creencias habituales (y, a juicio de ciertos autores, parcialmente erróneas) sobre las interacciones entre los seres humanos y el medio ambiente. Seguidamente nos centraremos en los aspectos de personalidad y mostraremos qué factores de personalidad correlacionan con las conductas proambientales. De la evidencia correlacional pasaremos a la causal: describiremos un modelo integrador que intenta explicar por qué la gente que adopta conductas proambientales lo hace. Finalmente, con todos estos datos, resumiremos brevemente algunas estrategias que se han utilizado para promover la conducta proambiental, discutiendo específicamente dónde habría que dirigir los esfuerzos según los expertos.

Ocho creencias sobre las interacciones entre los seres humanos y el medio ambiente (y sus matizaciones).
1.- La contaminación está mayormente causada por la conducta a nivel individual. Por supuesto, el comportamiento individual causa mucha contaminación (pensemos, p.e., en la gran cantidad de basura que generamos a diario), pero los datos demuestran que las actividades de las empresas (mineras, agrícolas, industriales) son hoy por hoy las mayores causantes de contaminación ambiental.


2.-Los problemas ambientales se deben al consumo excesivo, sobre todo en los países ricos. Obviamente, esto es cierto, pero hay que dejar claro que lo importante no es tanto la cantidad de consumo como el tipo de consumo. En primer lugar, no todo lo que se consume tiene el mismo impacto ambiental, por lo que puede ser cuestionable establecer una simple relación entre consumo global (p.e., en dinero) e impacto (p.e., no es lo mismo comprar un coche que veinte ordenadores). En segundo lugar, puede que el consumo se centre en productos y servicios que han sido concebidos para reducir al máximo el impacto ambiental (p.e., productos reciclados o reutilizados, o cuya producción es poco contaminante).

3.-Para resolver los problemas medioambientales se necesita renunciar a muchos de los beneficios de la tecnología moderna. Esto es cierto en parte; sin embargo, mucha de la degradación actual podría evitarse utilizando tecnologías menos impactantes, más que simplemente recortando los beneficios que pueden obtenerse de la tecnología. Por supuesto, a la larga se requerirá una sabia mezcla de ambas cosas, pero es importante darse cuenta de que la eficiencia tecnológica es mucho más aceptable para la gente que las restricciones y, a menudo, más eficaz para reducir ciertos tipos de impacto medioambiental.

4.-Para preservar el medioambiente, la gente necesita cambiar sus valores y actitudes, particularmente en los países ricos. Este parece ser un típico error de atribución. Los errores de atribución, muy frecuentes, ocurren cuando consideramos que las conductas dependen más de disposiciones “internas” estables que de factores contextuales. (P.e., supongamos que acabamos de conocer en una fiesta a un antigua amante de nuestro compañero sentimental, y ésta se comporta con nosotras de una forma fría y distante. Probablemente atribuiríamos su conducta a un rasgo interno de ella hacia nosotras -antipatía, rivalidad, más que un aspecto del contexto -p.e., que había tenido un día horrible). La evidencia disponible sugiere que la mayoría de gente en los países ricos muestra niveles de preocupación medioambiental bastante altos. El problema es que entre los valores y actitudes y la conducta proambiental median una gran variedad de factores contextuales

5.--La educación es la clave para resolver los problemas medioambientales. Quizá aquí exista el problema semántico sobre qué entendemos por “educación”. Si la concebimos como la labor de hacer consciente a la gente de que existen problemas medioambientales y sobre qué se debe hacer para darles solución, la evidencia parece mostrar que esta estrategia tiene escasos efectos a la hora de promover conductas proambientales. El problema, de nuevo, es que el contexto bloquea el cambio de conducta: puede haber, entre otras, barreras institucionales (“¿Dónde reciclo, si no hay contenedores cerca?”), económicas (“¿Cómo voy a comprar un coche menos contaminante si no tengo dinero?”), informativas (“No sabía que las pilas contaminaban tanto”), de rutina (“¿Cómo voy a llevar ahora estos enseres al ecoparque, si tengo que recoger los niños a las cinco?”, o de conflicto social o familiar (“¡Menuda cara me ha puesto ese tío por circular por la avenida en bici!”, o “¡No pretenderás que en una cocina tan pequeña metamos cuatro cubos de basura distintos!).

6.- Una forma de promover el comportamiento proambiental es informar sobre las terribles consecuencias que se avecinan. Como ya indicamos arriba, esta estrategia puede ser un arma de doble filo. La evidencia sugiere que la apelación al miedo puede hacer que la gente minimice o ignore el problema, sobre todo si (a) no percibe una amenaza directa para su vida o bienestar; (b) no sabe exactamente qué puede hacer para solventar el problema y (c) ayudar a solventarlo supone un coste muy alto. En particular, si se experimenta amenaza asociada a indefensión (“la solución no depende de mí”), generalmente habrá negación o angustia.

7.-Los incentivos son un buen método para promover conductas proambientales. Partiendo de la premisa de que el dinero mueve montañas, esto es cierto (p.e., si adoptamos una conducta proambiental tendremos ventajas económicas), pero engañoso. La evidencia sugiere que, si los incentivos son externos, el comportamiento se mantendrá sólo en la medida en que los incentivos (refuerzos, en el lenguaje de la psicología) sigan existiendo. En definitiva, es difícil modificar la conducta a largo plazo utilizando incentivos sólo al principio; si se hace así, la conducta revertirá en cuanto los incentivos desaparezcan.

8.- La gente de los países en desarrollo ansía emular el estilo de vida de los países ricos, que conoce a través de los medios de comunicación (especialmente cine y televisión). quizá sea cierto, pero faltaría por averiguar hasta qué punto la gente de los países en desarrollo con cierta holgura económica incrementan el consumo por emular a la gente de los países ricos, o simplemente en respuesta a sus propias prácticas culturales.

Correlaciones entre rasgos de personalidad y conducta proambiental.

Definimos personalidad como la idiosincrasia o manera distintiva de actuar de cada individuo, y la permanencia (estabilidad) en dicha forma de comportarse. En esta sección mostramos evidencia empírica sobre la relación entre rasgos de personalidad y conducta proambiental. Es importante analizar brevemente esta relación porque los rasgos de personalidad son estables y resistentes al cambio. Por tanto, la promoción de conductas proambientales debe tener en cuenta esta variable.

Algunas correlaciones entre rasgos de personalidad y conductas proambientales: Locus de control. El locus de control es un aspecto importante del concepto que las personas tienen de sí mismas. Para explicar por qué les ocurren las cosas, algunas personas asumen que lo que les sucede tiene que ver con lo que ellas hacen (poseen un locus de control interno), mientras que otras lo atribuyen más a las circunstancias y constricciones del contexto (tienen un locus de control externo). Se ha visto que las personas con locus de control interno tienden a actuar de manera más proambiental.

Responsabilidad. Las personas que poseen mayor sentido de la responsabilidad (que incluye sentimientos de deber u obligación) tienden a actuar de manera más proambiental.

Autoritarismo. Este factor de personalidad incluye tres elementos: conservadurismo respecto a las normas del grupo, obediencia a quien se considera superior, y dureza e imposición frente a quien se considera inferior (dentro de un esquema jerárquico). No se ha probado que exista una relación directa entre autoritarismo y comportamiento proambiental.
Sin embargo, las personas con “moralismo tradicional” (que correlaciona fuertemente con el autoritarismo), o que combinan el autoritarismo con convicciones políticas conservadoras, tienden a ser menos proambientales.
Rasgos de conducta antisocial. Las personas con rasgos antisociales se caracterizan por utilizar métodos agresivos para alcanzar sus objetivos cuando otros métodos fracasan; no aprenden a partir del castigo; muestran una atención excesiva a la búsqueda de sensaciones, y no son empáticos (no saben ponerse en el lugar del interlocutor). En general, las personas con rasgos antisociales poseen niveles de razonamiento moral más bajos que la media y se tienden a implicarse menos en conductas proambientales.

Consciencia. Se refiere al grado de atención por el ambiente circundante, y correlaciona positivamente con las conductas proambientales.
Extroversión. Se refiere a la tendencia a ser sociable y comunicativo, y correlaciona positivamente con las conductas proambientales.
Afecto. Se refiere a la tendencia a ser emocional, y correlaciona positivamente con las conductas proambientales.

Una teoría coherente de comportamiento proambiental: la teoría del Valor-Creencia-Norma.

Hemos visto algunos rasgos de personalidad que correlacionan con la conducta proambiental. Sin embargo, es importante establecer una teoría causal sobre dicha conducta. Entre las diferentes teorías existentes hemos optado por presentar la teoría del Valor-Creencia-Norma (VCN) porque es la que actualmente parece tener mayor apoyo empírico (en cualquier caso, la varianza explicada por esta teoría respecto a las conductas proambientales es baja, lo que implica que también existen otros muchos factores en juego, como veremos). Es señalar que esta teoría intenta explicar por qué las personas propenden o no a adoptar conductas proambientales, pero no proporciona estrategias explícitas sobre cómo promover importante dichas conductas (entre otras cosas, porque las conductas a menudo están enraizadas en rasgos muy estables de personalidad).

Es conveniente definir algunos términos (aunque no técnicamente) tanto para esta sección como las que seguirán, con el fin de evitar ambigüedades:

• Valor: Concepto general sobre lo que un individuo considera que merece o no merece la pena hacer, conseguir o conservar individual o socialmente.

• Actitud: Aunque para diversos autores existen diferencias entre actitud, motivo y opinión, por simplicidad aquí los tratamos conjuntamente. Las actitudes son disposiciones valorativas, es decir, tendencias a aceptar o rechazar objetos, personas, eventos o situaciones. No son tan estables durante la vida de una persona como los rasgos de personalidad. Los motivos y las opiniones podrían considerarse como la concreción de las actitudes en contextos específicos. Las actitudes pueden contener elementos racionales, cuando en ellos intervienen el análisis y la argumentación (las elecciones), e irracionales, cuando vienen guiados por elementos holísticos de la situación, o por emociones (las preferencias).
• Creencia: La aprobación de una proposición o afirmación, o la aceptación de un hecho, opinión o aseveración, como real o verdadero, sin tener un conocimiento personal e inmediato.
• Norma: Regla no necesariamente explícita, pero asumida a nivel personal (normas personales) o social (normas sociales) sobre las conductas que se consideran aceptables o inaceptables y que, por tanto, que se esperan cumplir o no en determinadas situaciones.

Hasta ahora hemos considerado la conducta proambiental como un concepto único e indiferenciado. Sin embargo, es importante también señalar que las investigaciones han descubierto cuatro tipos de conducta proambiental que parecen activarse a partir de diferentes combinaciones de causas. Estos son los diferentes tipos:

• Conductas de consumidor: Engloba todos aquellos comportamientos favorables al medio ambiente que los individuos adoptan en sus decisiones de su vida privada (p.e., reciclar, comprar productos “verdes”, etc.).
• Conductas de “ciudadanía proambiental”. Engloba aquellas acciones proambientales que los individuos ejecutan en la esfera pública (como votar, o firmar en contra de una determinada decisión política), excluyendo las del activismo comprometido.
• Conductas de sacrificio proambiental. Engloba conductas de sacrificio económico para proteger el medio ambiente (p.e., estar dispuesto a a pagar más impuestos).
• Activismo proambiental. Engloba todas las acciones públicas de los individuos comprometidos en organizaciones proambientales (p.e., las protestas de un/a activista de Greenpeace).

Empíricamente, se ha visto la teoría del VCN puede explicar una porción significativa de varianza en las tres primeras categorías de la conducta proambiental descritas arriba (al fin y al cabo, son las que se dan mayoritariamente en la población). La teoría sugiere que existe una cadena de elementos que se activan sucesivamente, de forma directa o indirecta. El primer activador son los VALORES: los valores personales están enraizados en los rasgos de personalidad y las actitudes, y activan CREENCIAS. La creencia más importante es visión ecológica del mundo, es decir, cómo creemos que deben ser las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza. Dicha creencia activa la percepción sobre el grado de amenaza hacia los objetos que se valoran y la percepción sobre la posibilidad personal de reducir dichas amenazas.

Dependiendo de cómo sean estas creencias, se activarán las NORMAS PERSONALES, es decir, el sentido de o no de obligación para llevar a cabo acciones al respecto. Por último, si hay un sentido de obligación (la norma personal), se activa la CONDUCTA, ya sea de consumo, de ciudadanía proambiental y/o de sacrificio. Rodolfo Reyes López
Por aclarar el esquema VNR: mi valor dice: “aprecio esto”; mi visión ecológica dice: “Entonces, la relación entre humanos y naturaleza debería ser así”; mi creencia sobre el objeto dañado dice: “creo que el objeto x está en peligro”; mi creencia sobre las posibilidades de actuar dice: “puedo hacer algo”; mi norma personal entonces dice: “debo hacer algo”, y entonces actúo.(respuesta)
Vayamos por partes. Respecto a los valores, existe abundante investigación que demuestra que la gente tiende a posicionarse respecto a tres grandes tipos (esto no significa que un mismo individuo se posicione siempre respecto al mismo tipo de valores en todas las situaciones, claro está):
• Egoístas: Los que predisponen a la gente a proteger sólo aquellos aspectos del medioambiente que pueden afectarles personalmente, y a oponerse a acciones proambientales si suponen costes personales elevados.
• Altruistas: Los que predisponen a la gente a actuar cuando los problemas medioambientales pueden dañar a otras personas (ya sean de su comunidad, su país, o toda la humanidad).
• Biosféricos: Los que predisponen a la gente a actuar cuando perciben que los problemas medioambientales pueden dañar a la naturaleza (a todos los seres vivos, incluyendo los seres humanos).
Según algunos autores, estas diferentes formas de valorar se relacionan con la autoconciencia (el “self”) del individuo, es decir, hasta qué punto el individuo se siente y define como interdependiente o no de otras personas y/o de otros organismos.(Merece la pena señalar que otras teorías reformulan esta clasificación a tres bandas, y reconocen sólo dos dimensiones en los valores; cada dimensión se desplegaría como un continuo. La primera dimensión se orienta hacia los objetivos vitales, y existen dos extremos: trascendencia (que incluye objetivos que transcienden el individuo y promueven el interés de los otros y de la naturaleza, como ser abierto, altruista, honesto e indulgente) y egoísmo (que incluye objetivos que promueven los intereses propios independientemente de los de los otros). La segunda dimensión se orienta hacia el cambio social o la tradición, y existen dos extremos: apertura (que incluye objetivos como la creatividad, curiosidad, excitación y placer) y conservadurismo (que incluye objetivos como el respeto a la tradición, los padres, los ancestros, etc.).

Las creencias tienen una función mediadora esencial entre los valores y la conducta porque definen el tipo de personas o cosas que se piensa que están afectados por los problemas medioambientales, y hasta qué punto se puede hacer algo por ellos. Las creencias dependen de cómo percibimos la información y el contexto. P.e., necesitamos información y publicidad para saber que un problema existe, y para conocer sus consecuencias probables; podemos percibir que el problema es responsabilidad nuestra o sólo de la administración; podemos creer que no hay posibilidad de intervenir y marcar una diferencia, debido a razones políticas, etc., etc. La modificación de creencias es clave para vincular el valor con la conducta.

Veamos la relación entre valores, creencias y normas con un ejemplo.
Supongamos que se descubre que, en un pueblo, una fábrica está contaminando un río. La única forma de acabar con el problema es desmantelar la fábrica, pero mucha gente del pueblo trabaja en ella. Podemos imaginar cómo funcionarían los valores de la gente del pueblo frente a este problema: las personas con un talante valorativo más egoísta podrían pensar: “Esto no va conmigo”, si el problema no le afecta directamente (ni ellas, ni a sus familiares o amigos, claro); las de talante más altruista podrían pensar: “Entiendo que se está dañando al río, pero el desastre que supondría el cierre de la fábrica para las familias que viven de ella sería tremendo, así es que creo que no deberían cerrarla”; las de talante más “biosférico” podrían pensar: “Tengo un conflicto: por un lado, no quiero que la gente se quede sin trabajo, pero es intolerable que se esté contaminando el río; la fábrica debería cerrar. Alguien tendrá que solucionar el problema de los empleos”. Sin embargo, la forma como se concreta la norma personal (“tengo que hacer algo, o no”) vendría mediada por las creencias que surgen de estos valores, que en parte dependen del tipo de información que llega a los actores. P.e., el “biosférico” podría no actuar en absoluto si percibe que el gobierno no piensa, ni solucionar el problema la contaminación ni el de los empleos; el “egoísta” podría protestar activamente para que se cierre la fábrica si tiene indicios de que la contaminación del río puede suponer un riesgo para la salud de sus hijos cuando vayan a jugar allí; el “altruista” podría firmar a favor de cerrar la fábrica si ha oído que hay otra empresa que va a admitir a los trabajadores eventualmente despedidos, etc. Por tanto, el predictor más importante de la conducta proambiental son las normas personales (y esto se ha demostrado empíricamente), ya que representan la concreción de intenciones del individuo una vez los valores se han puesto en contexto mediante las creencias. Aclaremos también que los tres tipos de valores pueden coexistir probablemente en un mismo individuo; lo que dice la teoría del VCN es que el posicionamiento definitivo se conformará de acuerdo con alguno de los tres tipos de valores.

Desde un punto de vista pragmático, los discursos que se defienden ante cualquier problema medioambiental, ya sean “pro” o “anti”, normalmente intentan activar o desactivar las normas personales del público moldeando un cierto tipo de creencias (es más fácil moldear una creencia que cambiar un valor).

La teoría del VCN en contextos reales
Aunque la teoría del VCN parece ser una buena aproximación general de las causas que predisponen hacia la conducta proambiental, el ejemplo de la fábrica indica que una teoría tan genérica tiene limitaciones obvias para hacer predicciones fiables. Exploremos esto con más detalle:

• La teoría permite enunciar sólo algunas generalizaciones. P.e., en la mayoría de contextos, un valor de tipo egoísta será refractario, o incluso contrario, a las llamadas a la acción, a menos que se ponga en juego algo personalmente valioso que compense los costes de implicarse.

• Las predisposiciones proambientales puede variar mucho dependiendo del tipo problema, el actor y el contexto; pueden existir múltiples interacciones entre ellos. Por tanto, la única predicción “formal” de la teoría del VCN es que la relación entre valores, actitudes y conducta será tanto más directa y predecible cuando los factores contextuales sean poco limitantes (p.e., no haya obstáculos insalvables para hacer lo que uno/a desearía), en caso contrario, la fuerza del contexto normalmente prevalecerá (curiosamente, el conductas con un alto grado de impacto se ha visto que el contexto juega un papel mucho más importante que los valores a la hora de determinar la conducta).
• En definitiva, intentar investigar motivaciones proambientales universales está probablemente abocado al fracaso. De hecho, puede ser erróneo investigar únicamente efectos principales. P.e., una investigación del efecto de los valores y actitudes sobre una conducta proambiental probablemente hallará efectos inconsistentes, ya que el que se lleve a cabo o no dependerá de del contexto específico de cada situación.
Sistematizando más estas ideas, algunos autores consideran que los comportamientos proambientales reales obedecen a la combinación de cuatro tipos de factores causales:
• Factores actitudinales derivados de los valores, tal y como los presenta la teoría del VCN.
• Factores externos (fuerzas contextuales). Estos factores incluyen, entre otros, influencias interpersonales, normas sociales, regulaciones gubernamentales, otros factores legales e institucionales, publicidad, disponibilidad de políticas públicas que fomenten y apoyen la conducta (incluyendo facilidades y constricciones logísticas y tecnológicas para llevar a cabo la conducta), y varias características generales del contexto político, social y económico. En cualquier caso, es importante señalar que cualquier factor contextual puede tener efectos diferentes para gente con diferentes actitudes y creencias.
• Aptitudes personales. Estos factores incluyen el conocimiento y las destrezas necesarias para realizar las acciones, la disponibilidad de tiempo, las capacidades y recursos generales tales como el nivel de educación, recursos económicos, estatus social, y poder. Aunque algunas de estas variables no tienen mucho peso a la hora de explicar ciertas conductas proambientales, otras sí se ven claramente afectadas (p.e., en USA, el reciclaje se ha visto que lo practican más los individuos de raza blanca con altos ingresos).
• Hábito o rutina. Cualquier cambio de conducta requiere romper los viejos hábitos y crear nuevos. Muchas conductas proambientales (p.e., comportamientos de consumidor) funcionan mejor cuando se “automatizan” en forma de hábitos.

Estrategias para promover la conducta proambiental en el mundo real.
Cualquier estrategia de modificación de conducta hacia la sostenibilidad contempla como objetivos generales deseables (a) que las propuestas puedan llevarse a cabo fácilmente por una gran cantidad de personas; (b) que el cambio de conducta sea perdurable a largo plazo; (c) que la conducta sea generalizable de un contexto a otro (p.e., si alguien recicla en casa, lo haga también en la oficina; incluso mejor, que la motivación para reciclar incite a llevar a cabo otras conductas proambientales, como limitar el uso del coche).
Ilustremos estos principios con algunas estrategias bien conocidas. Ya hemos señalado que los incentivos externos (p.e., compensaciones económicas) probablemente pueden motivar a mucha gente, pero es difícil que las conductas perduren a largo plazo si el refuerzo no se mantiene; también es muy difícil que la conducta se generalice de un contexto a otro. Otra estrategia tradicional ha sido apelar a la idea del altruismo en sentido amplio, es decir, intentar que se interiorice el mensaje de que es necesario hacer un sacrificio por otros (ya sean nuestros semejantes, otros organismos, o ambos). El altruista genuino (es decir, el posee dichas convicciones, no el que sólo las manifiesta de cara a la galería) tenderá a mantener la conducta a largo plazo y será capaz de generalizarla a muchos contextos. Sin embargo, la idea de altruismo, tal y como se ha presentado usualmente, va inextricablemente ligada a la idea de sacrificio, y es poco razonable que mucha gente se motive de este modo. Incluso aunque se envuelva en un mensaje “egoísta” (“actuando de forma altruista nos beneficiamos todos”), “la tragedia de los comunes” (véase arriba) parece suficientemente bien enraizada en las bases biológicas de la conducta humana como para difuminar cualquier previsión a largo plazo.


El desafío de cualquier estrategia proambiental efectiva es conseguir que las conductas proambientales sean populares, se mantengan, y puedan generalizarse lo máximo posible. Veamos cómo se ha abordado este objetivo de forma realista.
Naturaleza humana y la consecución realista de conductas proambientales.
Diversos autores opinan que cualquier estrategia proambiental debe reformular el mensaje altruista hacia lo que denominan el “modelo de la persona razonable”. Este modelo se basa en investigaciones cognitivas y afectivas sobre la naturaleza humana respecto a la motivación. Estos autores arguyen que, puesto que el altruista probablemente obtiene satisfacción con el sacrificio, el énfasis de cualquier estrategia debe ponerse en la satisfacción, no en el sacrificio o el sentido de culpa. En este sentido, resulta reveladora la constatación de que, p.e., de entre las personas que se implican en el voluntariado, aquéllas que lo justifican aduciendo motivos de satisfacción personal (mejora de la autoestima, desarrollo personal siguen más tiempo como voluntarias que las que aducen motivos más colectivos (p.e., basados en valores sociales).

¿Qué motivaciones pueden ser lo bastante potentes como para implicar a mucha gente y permitir mantener conductas proambientales generalizables a largo plazo? A juicio de muchos autores, aquellas que producen satisfacción intrínseca. Se reconocen varios tipos de satisfacción intrínseca:
• Comprender. A la gente le motiva conocer y comprender lo que pasa; odia sentirse confundida o desorientada.
• Ser competente. La gente disfruta siendo capaz de resolver problemas y completar tareas; le motiva aprender, descubrir, explorar; prefiere adquirir la información a su propio ritmo y responder a sus propias cuestiones. Se ha descubierto que la sensación de ser competente en lo que uno/a hace proporciona los mayores niveles de satisfacción intrínseca. A la inversa, la sensación de sentirse incompetente o inútil es devastadora (y pensemos que, en muchos problemas ambientales, los gobiernos crean sensación de inutilidad e indefensión porque no ofrecen vías efectivas para que la gente ayude a solucionar los problemas).
• Ser frugal. A pesar de que la gente aprecia el lujo y las comodidades, a mucha gente le satisface la frugalidad como un ingrediente de la vida deseable. De alguna forma, parece que la frugalidad da un sentido de dominio material de la vida que se ve reforzado por la percepción de que también se está beneficiando al medio ambiente.
• Participar. Indudablemente, la inmensa mayoría de la gente posee una inclinación prosocial. Pero no es tanto por ayudar en el sentido altruista de sacrificio como por el sentimiento de sentir que le/la necesitan, de percibir que sus actividades y esfuerzos importan a otra gente.
Estos elementos de satisfacción intrínseca son, según diferentes expertos, fundamentales a la hora de diseñar estrategias para promover conductas proambientales. Veamos algunas recomendaciones:
• Las campañas proambientales deben evitar excesiva información que sea difícil de asimilar porque esto genera desorientación y sentido de inutilidad en la gente.
• La resolución de problemas debe ser participativa. La idea de resolución pone de manifiesto que el propósito de la participación no es que la gente haga lo que otros ya han diseñado, ni preguntarles qué quieren hacer, sino ayudarla a comprender los temas e invitarla a explorar posibles soluciones que también satisfagan sus necesidades.

• ¿Es posible la participación realista? Sí, si se sabe seleccionar bien los problemas específicos que se quiere de resolver y se diseña con detalle las tareas y compromisos para todos los participantes. P.e., en Holanda, el “Dutch Green Plan” tiene como objetivo alcanzar la sostenibilidad en una generación; para ello, ha asociado intereses públicos y privados donde las responsabilidades están repartidas. El gobierno se encarga de identificar problemas ambientales en diferentes ámbitos, identificando los objetivos y los grupos encargados de cumplirlos (p.e., la industria, los consumidores, etc.). Como estos grupos son los responsables de que dichos objetivos se alcancen, la participación es amplia y se buscan soluciones innovadoras que satisfagan a todos (o al menos, a la mayoría).
• Las soluciones a los problemas deben plantearse de forma lo suficientemente abierta como para que la gente perciba que tiene diferentes opciones deseables.
• Un aspecto interesante de esta propuesta “participativa” es que, como que la gente quiere informarse bien para comprender los problemas, normalmente suele interactuar con expertos para que les oriente. En este sentido, la propuesta de participación se vincula de forma lógica con el objetivo de la alfabetización científica y tecnológica.
• En definitiva, estos autores creen que la gente no es apática ni desinteresada, ni posee actitudes equivocadas: simplemente debe contarse con ella, ofrecerle apoyo institucional e infraestructuras apropiadas, y ofertar la posibilidad de opciones múltiples que sean deseables.

Estrategias comúnmente utilizadas para promover conductas proambientales.
Existen elementos comunes a la mayoría de estrategias que se han utilizado, o se están utilizando, para promover cambios en las actitudes o la conducta de la gente (esto sirve tanto para las campañas de concienciación y modificación de conducta como para la publicidad de cualquier producto):
• Se intenta captar la atención de la audiencia-blanco. Se ha de definir muy bien quién compone dicha audiencia, seleccionar los canales adecuados para llegar a ella y atraer la atención suficiente.
• Se intenta enviar un mensaje comprensible y creíble. Se ha conseguir que las fuentes se perciban como fidedignas, generar claridad en el mensaje, ajustar el mensaje al conocimiento previo de la audiencia y decidir la duración adecuada de exposición al mensaje.
• Se intenta que el mensaje influya en las creencias o la compresión de la audiencia. Hay que proveer suficiente información, generar atención directa, estimular reflexión sobre las normas personales y cambiar los valores y preferencias subyacentes.
• Se intenta crear los contextos sociales que conduzcan hacia los resultados deseados. Para ello hay que comprender muy bien los determinantes que obstaculizan el comportamiento de interés.
Discutiremos ahora cinco tipos de estrategias generales que se han puesto en práctica para promover diversos tipo de conducta proambiental.

Estrategias basadas en información procedimental
Las estrategias de información procedimental (que son las más tradicionales) se basan en un modelo de déficit: si una persona no tiene conciencia de un problema y/o sobre qué medidas puede adoptar para solucionarlo, es difícil que pueda implicarse; esto es obvio. La aseveración inversa es más cuestionable: ¿Hasta qué punto conocer el problema y los procedimientos para solucionarlo promueven la conducta deseada? Todas las evidencias apuntan hacia lo mismo: el nivel de información correlaciona con la conducta proambiental, pero no la genera. (Esto podemos deducirlo de la teoría del VCN). Por tanto, las campañas de información sobre problemas medioambientales son una condición necesaria, pero no suficiente, para fomentar conductas proambientales. Resulta llamativo entonces que muchas campañas de concienciación sigan basándose, de forma predominante, en información procedimental (muchas de las campañas de tráfico en España son un buen ejemplo).
Estrategias basadas en valores.
Este tipo de estrategias parten de la base de que si se conocen los valores de la gente respecto a un problema, se pueden elaborar mensajes que liguen dichos valores con las acciones que sería necesario adoptar para solucionarlo (pura VCN). Para ello se combinan argumentos racionales y apelaciones emocionales que estimulen la acción. En definitiva, se persuade mediante la razón y se motiva mediante la emoción.
El éxito de estas estrategias depende de un análisis muy cuidadoso de la audiencia a la que se dirige el mensaje y, sobre todo, de lo que dicha audiencia valora. P.e., estudios transculturales sugieren que la audiencia norteamericana valora especialmente la promoción personal y la autorrealización (caracterizadas por adquirir aptitudes competitivas, conseguir el éxito y ser independiente a la hora de escoger los objetivos vitales), mientras que la audencia sudamericana es más “biosférica”. Por tanto, los mensajes deben ajustarse a cada audiencia.
La información no debe presentarse como un simple slogan o un reproche, sino como un mensaje corto, claro y convincente que cubra cuatro aspectos: (a) proporcionar razones y emociones para que el problema importe, apelando a los valores; (b) describir el problema e indicar quién es responsable del mismo; (c) ofrecer una solución; (d) informar sobre qué acciones podrían ayudar a lograrla. (¿Recuerdan el slogan del ICONA: “Cuando el bosque se quema, algo tuyo se quema”, o el de la WWF: “La conservación en beneficio de la humanidad”? Ambos son estrategias basadas en valores).
Problemas: Como ya se habrá intuido, este tipo de estrategias refieren, de un modo u otro, a la teoría VNR. Sin embargo, ya discutimos arriba que, según dicha teoría, los factores contextuales determinan en gran medida cuál será el resultado conductual. Así pues, a menos que el contexto sea “neutral” (es decir, no ponga obstáculos), el supuesto vínculo entre valor y conducta esperada puede desvanecerse.
Estrategias basadas en normas sociales.
En la teoría del VCN se hacía hincapié en que las normas personales activan directamente la conducta proambiental. No obstante, también existen normas sociales, que pueden ser descriptivas (creencias sobre lo que otra gente hace), o inyuntivas (creencias sobre lo que otra gente cree que debería hacerse). Las normas sociales difieren de las personales en que son percepciones externas sobre la pertinencia de la conducta, y no necesariamente reflejan lo que alguien considera aceptable o inaceptable según sus valores (p.e., alguien puede acicalarse mucho para ir a una boda porque “toca”, a pesar de que considere que es una tontería). No obstante, muchas de las normas sociales se terminan interiorizándose (es decir, se hacen personales) debido a la presión social (algo que a menudo va asociado a la edad).
Las estrategias que se basan en las normas sociales tratan de inducir la creencia de que las normas sociales de la comunidad “exigen” que la gente lleve a cabo conductas proambientales. Dicho gráficamente: si el comportamiento de reciclaje, p.e., está socialmente aceptado, y creo que mucha gente de mi comunidad recicla (norma social descriptiva), y/o creo que mucha gente de mi comunidad considera que se debe reciclar (norma inyuntiva), posiblemente me sentiré obligado/a a reciclar yo también. Sin embargo, si nadie recicla ¿por qué tendría que hacerlo yo?
En el caso concreto del reciclaje (la actividad en la que más se ha investigado esta estrategia), se han diseñado dos procedimientos que parecen funcionar:

• Uso de líderes. La idea es reclutar gente voluntaria (a ser posible, “popular”) en los vecindarios, a los que se les pide que se responsabilicen de reciclar, que lo hagan bien y visiblemente, y que animen a otros vecinos a hacerlo. Se ha visto que este procedimiento intensifica las normas sociales (sobre todo las inyuntivas) y tiene un efecto significativo sobre el comportamiento de reciclaje global del vecindario.
• Diseminación de información sobre la tasa de reciclado entre comunidades. Se ha visto que, cuando se sabe que la tasa de reciclado es mayor en otras comunidades que en la comunidad objeto de estudio, en esta última se pueden intensificar las normas sociales a favor del reciclaje si la información comparativa se disemina a través de diversos medios de comunicación. Nótese que la escala a la que se aplica la comparación debe ser lo suficientemente pequeña como para que los individuos perciban la presión social (p.e., raramente funcionaría una comparación entre países).

Problemas: Es fácil intuir que la apelación a las normas sociales sólo funciona en contextos locales y para cierto tipo de conductas proambientales. No obstante, la presión social podría acelerar la adopción de dichas conductas si un porcentaje significativo de la población ya las ha puesto en práctica. (Pensemos en la prohibición de fumar en espacios cerrados).

Estrategias basadas en marketing.
Este tipo de estrategias, utilizadas para todo tipo de mensajes persuasivos (“compra esto”; “no hagas aquello”) se nutre de los descubrimientos en el campo de la comunicación, las teorías cognitivas y comportamentales, la antropología cultural, la lingüística, etc. El énfasis aquí se pone en la organización o estructura (el “framing”) del mensaje, más que el contenido per se: lo importante es saber codificar el mensaje de forma que el receptor pueda interpretar eficazmente su significado de acuerdo con sus creencias o ideas previas. El mensaje se organiza considerando cómo la gente capta la información y piensa sobre ella; un buen mensaje conecta con referentes culturales “familiares” que permite al receptor “conectar” con lo que se está diciendo. El objetivo de dichos mensajes puede ser concienciar, o generar conocimiento y “visibilidad” social del problema (si un problema no es “visible”, no existe; esto lo sabemos muy bien con las guerras olvidadas, como la de Sudán), de forma que se promuevan corrientes de opinión y eventual cambio político.
Como se habrá adivinado, estas estrategias son formas de marketing (insistimos: servirían tanto para promover actitudes proambientales como para aumentar las ventas de un producto de limpieza). Por ello, la organización o estructura del mensaje es tan importante: se ha de encontrar el modo de que la gente comience a pensar en cosas en las que no había reparado, y que hable de ellas.
Como en el caso de las estrategias basadas en valores, el primer paso para estrategias basadas en “framing” es definir claramente el problema, ofrecer soluciones bien articuladas, y considerar los valores de la audienciablanco. Para organizar el “framing” se consideran varios elementos:

• Organización jerárquica del mensaje. Los mensajes deben combinar tres niveles: el primero maneja conceptos muy generales (del tipo de justicia, igualdad, responsabilidad, elección, etc.); el segundo determina el tipo de tema (p.e., derechos civiles, salud, medio ambiente); el tercero selecciona el tema específico (p.e., pérdida de biodiversidad, especies en peligro o reciclaje).
• Contexto. Define el problema en términos culturales, no individuales, y establece quién es el responsable del problema y quién debería resolverlo.
• Datos que apoyan el “framing”. Deben escogerse cuidadosamente. Lo primero es dotar de significado al mensaje (hay que “conectar”); después ya se apoyará con datos y cifras. Las cifras no crean imágenes en nuestra mente: necesitan ser interpretadas.
• Credibilidad del “mensajero”. El mensaje puede ser exitoso o venirse abajo dependiendo de si el “mensajero” es o no adecuado. Dos aspectos parecen ser críticos a la hora de escoger un buen “mensajero”: que conozca el tema del que habla, y que dé confianza. • Elementos visuales. Es importante una buena elección de imágenes, elementos humanos, símbolos culturales o iconos.
• Metáforas. Sirven para ir más allá de las palabras que se usan en el mensaje, evocando connotaciones persuasivas.
• Tono. Sirve para “enganchar” a la audiencia. Los mensajes retóricos, típicos de muchos medios de comunicación y de los políticos, suelen “desconectar” a la audiencia; los mensajes “razonables” la atraen.
Podemos ver brevemente cómo se pone en juego esta estrategia en un problema medioambiental serio: el calentamiento global.
• Una de las formas en que típicamente se estructura el problema del calentamiento global es como “clima”. Las evocaciones asociadas a esta forma de presentación son (a) el clima es algo natural, no causado por los seres humanos; (b) no podemos hacer nada al respecto; (c) es una consecuencia; no se ofrecen soluciones; (d) lo único que se puede hacer es adaptarse al cambio climático.
• Otra forma de presentar el problema es la siguiente: (a) es un problema económico; (b) es por ello necesariamente perverso; (c) los ambientalistas son idealistas y ascéticos; (d) se deben adoptar compromisos pragmáticos.
• La jerarquía conceptual de estos mensajes es la siguiente: acto de Dios / naturaleza (valores); clima (tipo de tema); calentamiento global (tema específico). La consecuencia es que, aunque mucha gente cree que el calentamiento global es real y tiene consecuencias negativas, no conoce bien la implicación humana en el problema y las soluciones que pueden darse. Así pues, la gente sólo considera las respuestas adaptativas para protegerse a nivel individual y familiar.
• Sin embargo, el análisis de “framing” considera que el mensaje no debe articularse en torno al clima, sino al incremento de CO2: este es compuesto el que atrapa el calor y causa el daño ambiental. Puesto que el incremento de CO2 depende de actividades humanas, es posible pensar en formas de ayudar a reducir sus emisiones. Nótese que la jerarquía de conceptos se establece ahora del siguiente modo: control / responsabilidad (valores); soluciones / tecnología (tipo de tema); problema del CO2 (tema específico). Rodolfo Reyes López
• Basándose en este esquema, las campañas basadas en el “framing” utilizarían entonces toda la batería de elementos descritos arriba para que el mensaje penetre. P.e., en el nivel conceptual superior, el de los valores, una campaña en USA podría apelar a los valores “empresariales” de los americanos (entre otros, tener destrezas de planificación y manejo, ser “visionario”) o, respecto a los “mensajeros”, la campaña podría hacer uso de un gran número de personas “de confianza” allí (desde científicos que actúan como educadores hasta empresarios, líderes religiosos, o ecologistas).
Problemas. Todavía no está claro hasta qué punto este tipo de estrategias funciona a la hora de promover cambios conductuales significativos y duraderos en la dirección deseada. A juicio de muchos expertos, las estrategias de marketing parecen subestimar las grandes dificultades que existen para cambiar la conducta. El marketing puede servir para incitar modificaciones conductuales menores, como elegir otra marca de un producto (p.e., comprar atún “dolphin-safe” en lugar de otro que no lleve el distintivo, o no comprar “pezqueñines”). En estos casos el esfuerzo que se pide, y su coste asociado, son pequeños. Sin embargo, el marketing generalmente falla cuando lo que se pide supone cambios más drásticos en el estilo de vida (p.e., usar transportes públicos en lugar del coche para ir al trabajo). En este caso, el cambio conductual es mucho más complejo y requiere de otras estrategias. En cualquier caso, no olvidemos que el marketing es una estrategia perversa porque es relativamente “barata” y, por tanto, puede usarse tanto para promover respuestas proambientales como antiambientales: todo depende de qué intereses tenga el/la que diseña la campaña.
Marketing social.
Esta estrategia se compone de cuatro pasos: (a) descubrir las barreras que dificultan los cambios hacia una conducta proambiental y, basándose en esta información, seleccionar las conductas cuya implementación debe priorizarse; (b) diseñar un programa que supere las barreras para implementar la nueva conducta; (c) realizar un estudio piloto de la puesta en marcha del programa, y (d) evaluar la estrategia una vez se pone en marcha para toda la población. Veamos cada paso con más detalle.
Seleccionar las conductas proambientales parte del supuesto (razonable) de que no suelen existir recursos suficientes para fomentar muchas a la vez; además, no parece lógico pedir una gran cantidad de cambios simultáneos de conducta en la gente. Las conductas que se quiere modificar se seleccionan según (a) su nivel de impacto ambiental. Lógicamente, intentaremos modificar antes las conductas cuyo impacto es más nocivo; (b) las barreras que existen para implantar la nueva conducta,
que pueden ser internas (p.e., desconozco cómo separar las basuras para reciclar) o externas (p.e., no hay una red de contenedores de reciclaje donde vivo). Las barreras suelen ser múltiples y específicas para cada tipo de conducta; (c) los recursos disponibles para superar dichas barreras (p.e., saber si el ayuntamiento va a destinar recursos para implantar la red de contenedores de reciclaje). La selección de la conducta proambiental prioritaria dependerá de un compromiso entre los tres criterios.

La estrategia del marketing social pone el énfasis en eliminar las barreras; éste es el punto crucial del diseño. Para ello se efectúa una investigación exhaustiva al respecto. P.e., en un estudio para promocionar el consumo de productos reciclados en el Estado de Washington se identificaron 5 barreras: (a) la percepción de que dichos productos eran más caros y (b) de peor calidad; (c) el escaso conocimiento sobre qué productos eran reciclados y cuáles no; (d) las sospechas sobre si los productos que se vendían como reciclados realmente lo eran, y (d) la dificultad de identificar rápidamente productos reciclados cuando se estaba comprando, p.e., en el supermercado (la gente siempre tiene prisa). Tras identificar estas barreras se intentó eliminarlas sistemáticamente. El resultado: el consumo de productos reciclados se incrementó un 27%. Este estudio muestra la importancia de identificar y eliminar las barreras antes de tratar de modificar las conductas. También sugiere que muchas conductas proambientales no se llevan a cabo precisamente porque existen barreras, no porque no exista motivación suficiente. Desgraciadamente, muchos programas medioambientales ignoran la fase crítica de identificar correctamente las barreras. Las razones son variadas: los expertos pueden creer que las barreras ya se conocen perfectamente (pero muchas veces se trata sólo de sus teorías personales sobre la conducta de la gente), o los programas se quieren poner en práctica con premura, o simplemente no se destinan recursos suficientes.
Antes de que se intente una implementación a gran escala de una estrategia proambiental es necesario hacer estudios-piloto. Dichos estudios sirven para evaluar el éxito del cambio de conducta en la muestra escogida una vez se han eliminado las barreras. Idealmente, deberían hacerse tantos estudios-piloto como fuera necesario hasta alcanzar el nivel de conducta deseable: es posible que un escaso cambio conductual se deba a que no todas las barreras se habían identificado correctamente.
Finalmente, es importante evaluar el éxito del programa cuando se implementa a gran escala. La evaluación debería basarse en mediciones directas del cambio de conducta (p.e., un incremento en el número de usuarios de transporte público), o de sus consecuencias (p.e., un descenso del consumo de energía); no es fiable basarse en encuestas sobre lo que la gente dice que hace o no hace. Desgraciadamente, son raros los programas que evalúan los resultados de la campaña una vez puesta en marcha.
Problemas. La estrategia del marketing social es original respecto al planteamiento sobre qué causa la pasividad de la gente respecto a problemas medioambientales, y sobre cómo superarla. Sin embargo, aunque los gobiernos estuviesen dispuestos a aplicarla, dicha estrategia difícilmente podría dar soluciones en los casos en que las barreras son aparentemente infranqueables, al menos hoy por hoy. Desgraciadamente, muchos de los problemas medioambientales más graves a los que nos enfrentamos son de este tipo.
Epílogo.
Parece claro que a la psicología ambiental tiene mucho potencial por explotar, y que cualquiera de las estrategias disponibles ahora sólo cabe aplicarlas a conductas específicas en contextos específicos. Hoy por hoy, la (meta)estrategia más recomendable podría ser pues combinarlas todas con sabiduría. También debemos enfatizar la importancia de la participación en la resolución de los problemas como un fuerte elemento motivador a nivel personal (véanse los Ptos. 6.2. y 6.3.). La participación es, pues, un tema recurrente, ya que también apareció uno de los elementos clave en la alfabetización científica y tecnológica.

CUESTIONES PARA EL DEBATE

Sólo una: analiza tu vida. Plantéate:
a) Que conductas proambientales estás llevando a cabo, de qué valores parten, qué creencias las apoyan, y qué normas personales las generan.
b) Qué conductas proambientales querrías llevar a cabo y no pones en práctica. Identifica igualmente los elementos de la VCN (sobre todo el tema de las creencias).
c) Piensa en las estrategias que podrían motivarte para que tú te implicaras en éstas últimas, y cuáles están fallando. Sobre todo, identifica las barreras para ponerlas en práctica.
d) ¡¡Comparte tu experiencia personal con tus compañeros!